25; un nuevo inicio para Dario.

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imagen de Jacob, un niño transgénero.
Cap. 1
Por: -Sonia-
Heme aquí, frente a la Universidad… a mis 25 años, pero estoy a punto de emprender mi más grande sueño en toda la vida…
No me lo creo.
Me instalo en el dormitorio que me fue asignado, tengo un compañero de cuarto bastante tranquilo y agradable, me asomo, el dormitorio de chicos luce muy prometedor, al parecer… soy uno de ellos._transgender__by_glittery_pae_bits-d374gwt
¿Mi nombre? Realmente no importa, el nombre que escogí ahora es el que siempre quise llevar, aunque… cuando nací, llevaba el nombre de Lilia, era un nombre fuerte… así cómo yo.
Así es, “nací siendo una chica”, “una niña”, el sueño dorado de mis padres, fue la última de 5 hijos, todos hombres, era la consentida, la “peque”, aquella delicada y enfermiza niña que no dejaban salir a jugar, que tenía amigos imaginarios pues la soledad la invadía.
Pero ahora, más de 20 años después… ostento lo que verdaderamente soy… un hombre, un chico… soy la persona que siempre me quise construir.
Pero, este camino… nunca fue fácil.

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Cap. 2
Por: -Sonia-
Mi infancia fue bastante solitaria, nací en un pequeño poblado, rodeado de la naturaleza, mi padre se dedicaba a cuidar ganado, mi madre cultivaba algunas cosas; siempre me gustaron los animales, de ahí que mi gran sueño fuera estudiar Veterinaria.
Mis hermanos me sobreprotegían, no me dejaban salir a jugar y espantaban a los vecinos, sólo querían cuidarme y que jugara con ellos, yo aprovechaba y me escapaba para montar en mi caballo favorito, para pasearme por el pueblo, para sentirme libre… pero, al llegar a casa, mi mamá me castigaba y me pegaba por: “no comportarme cómo una niña”.
¿Una niña? ¿Qué significaba eso? Me iba llorando al sillón, con mi papá, el me abrazaba y me besaba la frente… lo amaba tanto.
Hasta ese fatídico día, tenía apenas unos 9 años, llegaron a casa diciendo que mi padre tuvo un infarto y que estaba en el hospital, no sobrevivió… ¿mi padre muerto? Ensillé mi caballo y cabalgue por horas, el llanto no dejaba de brotar en mí, mi padre estaba muerto… ¿qué es lo que haría sin él?
Por la noche llegué a casa, al funeral, fui a mi habitación y mi madre me había puesto un curioso vestido engro de terciopelo, lo tomé entre mis manos y lo rompí… ¿vestido ahora? Yo no quería eso… fuí a la habitación de mi hermano y tomé uno de sus pantalones y camisas, una corbata negra y así salí a despedir a mi padre.
La verdad nunca supe si aquél día alguien lo notó… pero ese día no sólo perdí a mi padre, mi madre, completamente furiosa por la ropa que llevaba, me llevó a a casa y me golpeó:
– ¿Porque te empeñas en avergonzarme?- preguntó
– ¿Porqué te empeñas en que sea alguien que no quiero ser?- dije
– Eres una niña, tienes que comportarte cómo tal.
– No seré lo que quieres que sea, te odio- le grité y le escupí… salí de nuevo.
Aquella noche inició la batalla con mi madre, una batalla que no tendría un lindo final, recuerdo a mis hermanos abrazándome, diciéndome que los pantalones me sentaban bien.
Pero lo que más recuerdo, es el rostro de mi padre… apacible y tranquilo…
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Cap. 3
Por: -Sonia-
Decidí seguir los pasos de mi padre, dedicarme a cuidar animales, así se pasó mi infancia, estando con mis hermanos, jugando con ellos, ensuciándome con lodo, corriendo, subiendo árboles.
Mi madre siempre lo evitaba, me ponía odiosos vestidos y eso lo sentía cómo una ridiculización, me ponía playeras rosas que chocaban mi vista, la odiaba… ella me quería convertir en algo que no era.
Esos vestidos los rompía, lo ensuciaba con excremento de vaca y de puerco, pero mi madre me los ponía así… siempre me iba a llorar al granero, pedía una señal a ese Dios del que hablaban, le pedía saber que es lo que realmente era.
Esa señal llegó, a mis 12 años… esa mañana desperté con un dolor particular en el vientre, fuí al baño y miré mi ropa interior con sangre, me aterré… pensé que me había lastimado o que algo se me había roto en el interior.
Lloré mucho y tomé esa ropa para esconderla debajo de mi colchón… de repente entró mi madre y me preguntó lo que hacía, inútil fue tratar de esconder aquella prueba, me la arrebató y sonrió:
– ¿Lo ves? Ya eres todo una mujer- me abrazó y se puso a llorar – Mi niña ahora es una mujer, mi Lilia ya es grande.
¿A qué se refería?
– ¿No lo sabes? Es tu periódo, el que marca cuando eres una mujer y cuando puedes tener hijos… es el signo más preciado de la feminidad, estoy orgullosa de ti hija… te traeré algunas toallas.
Mi madre salió de mi habitación, miraba aquella mancha de sangre ¿mujer? ¿esa mancha de sangre implicaba ser una mujer? Eso debía ser un error, yo no me sentía cómo tal… yo no quería eso.
Miré hacia mi ventana, creo que esa era la señal que Dios me había enviado, el hecho de ser una mujer… ni siquiera sabía lo que eso significaba, sólo sabía que no quería serlo, que no lo era.
No… no… yo no era una mujer.
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Cap. 4
Por: -Sonia-
Ahora era una mujer, eso me hacía sentir miserable, triste… era cómo si viviera usando siempre un disfraz, una máscara que ocultaba mi verdadero yo.
En la escuela las cosas iban bien, hasta la primaria no tuve problemas… pero, en la secundaria, se venía la adolescencia, los cambios de humor…
En la escuela siempre fui tratada cómo un bicho raro, era la “anormal”, según mis compañeras… era demasiado masculina, según mis compañeros, era un niño raro. No entendía nada.
Pero, ahí conocí a mi mejor amiga, la pasaba muy bien con ella y decidí contarle un poco de lo que me preocupaba:
– Tú no eres una niña, eso es obvio… es sólo que tu mamá no lo quiere ver, supongo que ya tiene bastante hijos.
– Tienes razón- y ambas reíamos, con ella podía sentirme libre de ser lo que quisiera ser, no había reclamos, no me miraba mal… siempre me apoyó.
Recuerdo mi infancia con sentimientos encontrados, la muerte de mi padre, las burlas de mi madre, la sobreprotección de mis hermanos… también recuerdo la angustia de crecer, cada día me daba cuenta que no era quién quería…
¿Nunca les ha pasado, soñar que son alguien más…? Eso me pasaba, soñaba que despertaba y tenía otro cuerpo…. pero eso nunca pasó.
Mis senos se desarrollaron, quería disimularlos pero no podía, eran grandes… mi voz se hacía aguda, mis caderas anchas… tenía un cuerpo que n me pertenecía.
Eso, me entristecía.
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Cap. 5
Por: -Sonia-
Así se pasó la secundaria, entre la vergonzosa necesidad de cubrir mi cuerpo, sus notorias expresiones de una “feminidad” que me negaba a acatar.
Todo hubiera sido tristeza, de no ser por aquella amiga, la primer y única gran amiga que había tenido hasta entonces, ella me devolvía la seguridad y me hacía sentir querida, apreciada.
Así pasó la secundaria, sintiendome cada vez más rara en ese cuerpo que no sentía mío… Anhelaba pronto terminara todo, convertirme en lo que verdaderamente sentía.
Afortunadamente siempre mostré una dedicación especial para los estudios, me llevaba al reconocimiento de los profesores y profesoras, me encantaba estudiar, supuse que era lo único que podía hacer…para llegar a tener un mérito.
Desafortunadamente para seguir los estudios debía ir a la única preparatoria que quedaba cómo a una hora de mi casa, era un bachillerato donde abundaban los hombres, aún se tenía la costumbre de que las mujeres no tenían porque estudiar.
Pero yo, no me sentía mujer y aparte, quería estudiar, quería entrar a la Universidad a estudiar Veterinaria, ese era mi sueño, en eso proyectaba todas mis ilusiones.
Para mi mala suerte, mi vieja amiga tuvo que irse, se mudó con su padre a la Capital, ella entraría a la Facultad de Medicina, me dolió mucho verla partir, abrazarla y saber que ahora volvería a estar sola:
– Voy a regresar, pero quiero que me prometas que no dejarás que te digan quien ser… recuérdalo, tú eres tú y nadie puede cambiar eso…- me abrazó tan fuerte cómo nadie lo había hecho y sabía que nos volveríamos a ver.
Heme ahí de nuevo sola, en aquél lugar que me vió nacer… sabía que ahí no podría ser quién verdaderamente quería.
Hablé con mi madre del bachillerato, me respondió con un rotundo “NO”.
Pero entonces, mi hermano mayo intervino:
– Deja que estudie, ella quiere… nosotros no.
– Pero es una mujer, no es bien visto eso- respondió mi madre
– Hay muchas mujeres en esa escuela, no le niegues la oportunidad de realizarse, ella lo desea y sé que no nos defraudará- volteó a mirarme y me guiñó el ojo.
– No pienso darle un céntimo para esa escuela- dijo mi madre- Sí ella quiere ir… estará sola.
– No, nosotros estaremos con ella… además, una parte de la casa es de ella y no le hará falta nada-
Mi hermano me miró y me sonrió – ¿Verdad que le echarás ganas?- preguntó
Lo abracé muy fuerte y le dí un beso, por supuesto que le echaría ganas… era mi sueño y no me detendría por alcanzarlo.
– Algún día seré cómo tú- le dije a mi hermano y volví a besarlo…
Así es, mi otro sueño era… ser cómo mi hermano… ser, un hombre.
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Cap. 6
Por: -Sonia-
Y bueno, entré a la prepa, mi madre cumplió su promesa y no me ayudó en nada, así que me convertí en independiente, hacer mis cosas y comprar algunas cosas.
Mis hermanos se hacían cargo de los gastos de la casa y mi hermano mayor me pagaba la escuela.
La prepa era cómo la pensé, se dividía en distintas especialidades y donde me fui , había en su totalidad, hombres.
De nuevo me sentía bicho raro, no le hablaba a nadie y me sentía como invisible, aproveché que no conocía a nadie para cortarme el cabello y usar ropa holgada o algunas cosas que le robaba a mi hermano, me sentía bien vistiendo así, también usaba la loción de uno de mis hermanos, creo que era el inicio de un nuevo ser.
Seguí aplicándome en la escuela, sacaba buenas calificaciones y me esforzaba por aprender, pero me sentía sola.
Aquella tarde caminaba rumbo a los baños que estaban del otro lado de la biblioteca, estan solos y casi nadie los usaba…Lo mejor, es que eran mixtos, así no tenía que dar explicaciones. Subía las escaleras y choqué con alguien, muchas cosas cayeron, era la bolsa de una linda chica…
-Lo siento- dije y le ayudé a levantar sus cosas.
– ¿Vas a la biblioteca? Ya está cerrada, la acabo de cerrar- dijo mostrándome sus llaves, sonreí.
– supongo que vendré mañana- ella me sonrió y bajó unos escalones. Después volvió a mirarme.
-Sólo estoy de 12 a 5- sonrió de nuevo y bajó las escaleras, me había sorprendido esa chica, era muy linda… era… no tenía palabras, miré hacía el suelo y había un pequeño espejo de bolsillo, tenía “Laura“ grabado en él. Ahí tenía mi pretexto perfecto.
Tomé valor para ir al siguiente día a la biblioteca, entré y estaba en el mostrador, le sonreí y me acerqué… pusé el espejo sobre el escritorio.
-Se te cayó ayer- dije
Lo tomó en sus manos y sonrió – Muchas gracias, no sabes lo que significa para mí-
Le devolví la sonrisa y me disponía a salir de ahí – Espera, ya casi salgo también, espérame en el parque de afuera, llego en 20 mins ¿quieres?-
Así lo hice, me senté en aquella desolada cancha de futbol a esperarla, hasta que llegó. Se sentó junto a mi y me agradeció de nuevo:
– Por cierto… soy Laura- dijo
– Yo… soy… Darío, mucho gusto…-
Me miró de nuevo, sonrojada y sonrió… una parte de mi, no cabía de felicidad.
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Cap. 7
Por: -Sonia-
Ese espejo suyo era muy valioso, su abuela se lo había regalado antes de morir y era de plata pura. Pero, el espejo fue de lo menos.
Laura me gustaba muchísimo y ahora terminaba por entender que una parte de mi sabía que eso era normal, yo no era una chica cómo Laura… ahora me convertí en Darío.
Cada tarde nos íbamos a ese parque, a charlar… Yo tenía 16 años, ella 26… era muy hermosa y me encantaba. Una de esas tardes, sin quererlo… nos dimos un primero beso, mi primer beso; después de eso… tuvimos un pequeño idilio secreto, compartíamos besos, pero ella quería algo más.
Pasaron meses, varios meses… terminó mi primer año y empecé el segundo, ahora ella y yo nos veíamos también dentro de la escuela y ahí… fue el error.
Una mañana, cómo cualquier otra… llegué al salón y un grupo de compañeros se reían mientras me veían, no entendía nada.
Por la tarde esperé a Laura en el mismo parque, no llegó nunca; la busqué en la biblioteca al día siguiente, empacaba sus cosas.
– ¿Qué pasa?- le pregunté y sólo recibï una cachetada.
– ¿Darío, no? O debería llamarte… Lilia- me quedé helada – ¿Crees que soy estúpida? Me das asco, monstruo- volviò a darme una cachetada. – Yo no soy lesbiana – dijo
– Ni yo- respondí
– Eres una mujer Lilia, debes vivir con eso… nunca serás un hombre- tomó su caja y se fue.
¿Monstruo? Laura se veía muy enojada, ahora no sabía que hacer. Semanas después supe que renunció, más nunca supe cómo se había enterado de mí.
A partir de ahí fui la burla de mis compañeros.. no podía soportarlo, pintaban cosas en el pizarrón, me escribían groserias en los cuadernos, me llamaban “lesbiana“ y ni siquiera lo era.
Todo era un horror, supe que si quería ser Darío, me quedaría sin amor, no tendría amigos y mucho menos una novia… Creo que en ese momento me di cuenta: Yo no era un chico cómo los otros, yo tenía un cuerpo equivocado.
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Cap. 8
Por: -Sonia-
Segundo año, presiones horribles…burlas, risas, maltratos… ser un ente renegado, no era hombre ni mujer, desconocía mi cuerpo, no lo sentía mío y comencé a cortarlo, quería que con la sangre me demostrara que ese cuerpo estaba vivo, aunque no sabía que es lo que era.
Segundo año, no hablaba con nadie… ese primer día todo pasó normal, hasta que me percaté de una presencia nueva, era una chica de cabello negro largo, alta y solitaria…justo cómo yo, nadie le hablaba, la.miraban raro y comenzaron a molestarla, ella tenía una cicatriz en el labio.
La miré y ella me miró, me giré… quería evitar el contacto visual, terminaron las clases y uno de mis compañeros pateó mi mochila. Ella se acercó y le ordenó que la levantara.
– ¿Quién eres tú labio leporino, para ordenarme?- respondió groseramente ese estúpido. Ella no chistó ni un momento y tomó su brazo, lo torció y le ordenó una disculpa para ella y para mi. A regañadientes aceptó ese pobre chico y salió corriendo.
Ella se acercó y me ayudó con mi mochila:
-Eres una chica muy ruda- exclamé
– Llega el momento en el que te cansas de la burla, hola… soy Carmen- dijo extendiendo su brazo para estrechar mu mano.
– Soy… soy… Lilia- dije apenada
– Dime, ¿cómo quieres que te diga?- preguntó ella con naturalidad. Me sonrojé agaché la.mirada y susurré:
– Darío-
-Mucho gusto Darío, presiento que nos llevaremos bien…¿quieres ir a comer algo a la cafetería?
Sonreí, aquella amabilidad era muy extraña y no estaba acostumbrado, sonreí aún más y dije: – Conozco un lugar mejor, ¿vamos?-
Ella asintió con la cabeza y salimos de la escuela…
Me contó su vida, había sido transferida por un problema en su antigua escuela, practicaba karate y tenía un caracter muy fuerte, presentí que escondía algo.
Fuimos al mercado de comidas y me siguió hablando de ella, hasta que reinó el silencio y preguntó:
– ¿Desde cuando eres Darío?
– Desde siempre, siempre me he sentido así- respondí
– ¿Entonces? ¿Porque lo haces?- dijo señalando mis brazos con cicatrices, bajé la manga de mi blusa y no respondí…seguímos comiendo. Al terminar, la acompañe a la base de autobuses.
– Espero que seas mi amigo Darío, podemos compartir muchas cosas- se acercó y besó mi mejilla.
Ahí me quedé pasmado, era la primer persona que. me aceptaba tal cual era, me sentía dichoso y una esperanza se gestó, tal vez podría vivir una vida compartiendo cariño y afecto.
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Cap. 9
Por: -Sonia-
Aunque Carmen era muy tierna y amable conmigo , con nadie más, trataba de alejarme de ella, no quería que la hicieran a un lado por mi culpa o algo así… Aún así, ella insistía.
Cada tarde en la clase de gimnasia era lo mismo, burlas y risas por parte de mis compañero:
-Mirenlo, él tiene bubis… Ay no, es una mujer…parce hombre, ¡Qué fea!- cosas así gritaban, corrí hacía afuera y me fui a mi escondite, el viejo estacionamiento de la escuela.
Saqué mi navaja y comencé a cortarme, salía sangre…y por un momento lo pensé: terminar con todo el.odio, todas las burlas.
– No lo hagas- gritaron, sentí que la nava a cayó al suelo y su palma.se impactó en mi mejilla. – No lo hagas, Darío.
– ¿No lo entiendes? ¡Soy Lilia! Quiero olvidarme de ellos y quiero que deje de doler…- comencé a llorar, ella sacó unos cigarros y me los ofreció.
– Se supone que no debería hacer esto-dijo encendiendo su cigarro – … pero debes vivir, debes vivir por tí… ser quien tu quieras y sentirte tal cual, eres demasiado para ellos, eres demasiado para toda esa estúpida gente y sabes porque, ¡Porque tu sabes quien eres y que quieres! Hay tanta gente en este jodido mundo que muere sin saber cual fue el objetivo de su vida… pero tú lo tienes, es convertirte en un Darío por completo y tienes toda la vida para alcanzarlo, no la termines por tonterías, ni te rindas.
La miré a los ojos llorando y la abracé, le agradecí todo… ella me abrazo tan fuerte cómi nadie lo había hecho, no me sentía un monstruo, no me sentía anormal… Me sentía Darío y eso quería.
– Gracias Carmen- susurré
Desde ahí, se convirtió en algo más que mi mejor amiga…
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Cap. 10
Por: -Sonia-
La vida ahora se tornaba más tranquila, más serena.
A veces sólo necesitas que alguien crea en tí, en lo que eres, en lo que piensas… A veces necesitas encontrar a ese alguien que te.motive a seguir, que te haga sentir vivo y real… esa persona con la que puedas mostrarte sin tapujos y lo mejor es que esa persona te acepta y te ayuda a mejorar. Eso era Carmen para mí.
Sí, nos enamoramos de muchas maneras, nos involucramos tanto y a tal grado que mis días se hicieron llevaderos, lindos, llenos de alegría a su lado, Carmen tenía un sentido de la vida que no entendí, sentía con cada uno de sus sentidos, amaba vivir y vivía para amar:
– Estamos aquí de paso ¿para qué.complicarnos?- siempre me decía eso y me abrazaba.
Me compró ropa para hombre, perfumes y desodorantes… un rastrillo con el cual me rasuraba la nula barba que tenía.
Estando en su casa me vestía cómo hombre, de hecho en su casa me conocían cómo Darío, su compañero de escuela.
Esa tarde me invitó a salir a un bar que estaba a las orillas del pueblo, fui cómo Darío y nos sentamos, bebimos un poco y después bailamos.. no sé en que momento pasó, pero nos besamos… fue algo tan mágico.
Nunca pensaría que las almas gemelas existen, esa afinidad sentía con Carmen y ella conmigo.
– Te amo de tantas maneras Carmen, me has hecho ser lo que quiero ser.
– Aún te falta camino y no debes recorrerlo conmigo, también te amo… jamás pensé que me enamoraría; pero yo no puedo satisfacerte- dijo mientras fumaba un cigarro, íbamos de camino a casa.
– No te entiendo- dije consternado.
– No estoy interesada en el sexo- respondió
– Ni yo, quiero estar contigo.
– Para cuando despierte ese Darío que busque sexo, yo ya no estaré.
No sabía de que hablaba, tiró su colilla al suelo y su voz se quebró:
– No me queda mucho tiempo, moriré.en unos 3 años… Nací con unq anomalía pulmonar que se va degenerando, llegará el punto en el que todo se termine.
Me quedé helado… creo que mi mente entendía muchas cosas ahora.
– No me gusta la lástima, ya la he tenido por mucho tiempo… te admiro tanto Darío, tú podrás llegar a ser quien quieres ser en verdad- se soltó a llorar y la abracé muy fuerte… volví a besarla.
– Déjame.estar contigo… prometo hacerte feliz.
– Ya me haces feliz, con tu sola existencia.
Sonreímos y nos tomamos de la mano, aunque en mi mente aún no procesaba la idea… Seguía sintiendo a Carmen cómo antes, un hermoso ser de.luz que llegó a sacarme de la oscuridad

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Cap. 11

Por: -Sonia-

Y de repente terminó la prepa, no fue tan malo después de todo. Me especializé en una carrera técnica en agronomía.

Terminamos la prepa y venía una pequeña ceremonia de graduación, invité a Carmen a acompañarme, pero antes la llevé a mi casa, no estaba mi mamá…sólo mis hermanos.

Pasaban las semanas y no sabía que usar, mi mamá llegó un día y me trajo un regalo… lo abrí, era un vestido:

– Te verás hermosa en el, anda pruébatelo.

Miré el vestido y lo odié, odié a mi madre…y me.solté a llorar, ella.me abrazó y me.consoló:

– ya no eres una niña, eres una mujer… mi hija.

– Nunca entenderás madre- pensaba en mi interior, me probé el vestido y al verme en el.espejo no me reflejaba. No era yo, no me sentí así…

En cuanto se fue escondí el vestido y me puse a llorar en el.suelo… No me sentía yo, no me.sentía nadie… busqué una navaja…la tomé entre mis manos y… recordé a Carmen, recordé lo que había removido en mí… se lo debía.

No me.corté más, no dejaría que mi madre me hiciera sentir así, no ahora.

Dormí algo intranquilo, aún no tenía nada que ponerme, Carmen ya tenía algo (según me dijo) pero yo no, ni siquiera tení dinero para eso.

Por la mañana mi hermano mayor se despidió de mi, se iba a ir a un rancho cercano por meses y no estaría en la graduación.

– Busca entre mis ropa tu regalo- susurró, besó mi frente y salió.

Así lo hice por la tarde, noté un traje nuevo y tenía una nota:

Para Darío:

“Procura lucir muy galante ese día. Te amo hermano.“

Miré el traje, era muy hermoso y hasta corbata tenía. Lo abracé y me encerré en mi cuarto para medirmelo, me quedaba a la perfección…pero no sabía que hacer con mis senos. Eran grandes.

En fin, mi hermano me amaba y … yo me sentía el más guapo en ese traje.

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Cap. 12

Por: -Sonia-

El esperado día llegó, me desperté muy temprano y me bañé… Llevé toda mi ropa a casa de Carmen y ahí me vestí.

– Debemos hacer algo con estas – dijo Carmen apachurrando mis senos. Revisó en su clóset y sacó un par de vendas, comenzó a vendarme, al principio fue dificil, después de varios intentos quedó bien, al menos me gustaba cómo se sentía y cuando me vi al espejo, fue aún mejor.

Ambos nos vestimos, en diferente habitación, me sentía tan bien, por primera vez sentía que hacía lo que me correspondía, sentir la emoción de vestirme cómo quería y cómo me sentía no tiene ningún punto de comparación. O tal vez sí, cuando abrí la puerta, Carmen se asomó con un hermoso vestido del mismo color de mi traje:

– Tu hermano quiso que combinara- dijo sonriendo.

– Luces tan hermosa- me acerqué y la besé – Haré que esta noche sea única para tí.

– Luces muy guapo, sin duda eres el más guapo de toda la escuela, por eso te odian- dijo y volvió a besarme.

Me miré una última vez en el espejo antes de salir, ahí estaba yo… Darío.

La fiesta fue demasiado aburrida, la entrega de reconocimientos fue iirelevante, lo único que me emocionaba es que estaba ahí mostrándome.cómo lo que era… un hombre. Y estaba con la.chica más linda que pude.conocer en esta vida.

Dejé a Carmen en su casa, me invitó a quedarme.con ella y así lo hice. No hicimos nada, sólo nos abrazamos y nos quedamos dormidos al amanecer.

– Te amo Carmen- le susurraba mientras besaba su frente, aquella había sido la mejor noche de mi vida y la felicidad no cabía dentro de mí. Ahora me sentía invencible, infinito…

Ahora estaba mostrando a mi verdadero yo.

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Cap. 13

Por: -Sonia-

Carmen quería ser una linda enfermera, yo quería ser un gran veterinario. Ninguno de los dos pudo hacerlo, no había fondos y no los habría.

Comencé a trabajar en un rancho cercano a la casa de Carmen, ella atendía la forrajería y por las tardes pasaba por ella y nos íbamos a su casa.

Me sentía bien así, el dueño del rancho sabía lo que pasaba conmigo pero siempre me trató cómo a un trabajador, los momentos que pasaba con Carmen eran tan únicos. A veces, cuando salía más temprano, le ayudaba a atender la forrajería.

Una de esas tardes estaba con Carmen, besándola y no sé que nos pasó… no se en que momento ella y yo comenzamos a besarnos más, la acariciaba y procuraba que no ae sintiera incómoda, nunca había sentido eso… cerraba los ojos e imaginaba que tenía un cuerpo de hombre, lo sentía… sentía la excitación entre mis piernas. Me separé y me senté:

– ¿Qué pasa? – dijo Carmen

– No lo sé- me solté a llorar, me sentía frustrado porque nunca podría darle el placer que ella quería, nunca sería un hombre por más que lo quisiera. Ella me abrazó y se disculpó.

– Carmen, yo lo sentí… sentí entre mis piernas y… – me puse las manos en mi rostro.

Me abrazó más fuerte y besaba mis manos – Te amo Darío-

Acaricié su barbilla y la besé.

Ahora si me estaba confundiendo más, ¿Qué me estaba pasando?

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Cap. 14

Por: -Sonia-

Así pasó el tiempo, me convertí en el mejor en aquel rancho, el patrón me estimaba y me quería mucho, aunque iba envejeciendo y su fuerza se iba acabando.

Carmen y yo seguíamos juntos, de hecho, vivíamos juntos en una pequeña casita que me prestó el patrón, me sentía cómo casado y entre tanta felicidad, llegó mi cumpleaños 20.

Soplaba la velita del pastel y pensaba en lo que los últimos 3 años me agobiaba: ¿Qué es lo que yo era? Mi deseo de cumpleaños fue ese… descubrir una respuesta para lo que era, saber que me pasaba. Era mi única esperanza para no sentirme mal, anormal, aún con el amor de mi Carmen.

Recuerdo que era primavera, recuerdo esa brisa… y ese día mi compañero me gritó:

– ¡Te buscan!- a lo lejos vi a una doctora, lo supe por la bata… pensé lo peor, a Carmen le había pasado algo, corrí hasta llegar con ella. La reconocí de inmediato. Era mu amiga de la infancia.

– Fue dificil encontrarte, llegué a tu casa y tu mamá no sabía nada, tu hermano me contó todo… Darío- me guiñó el ojo y la abracé, me daba gusto volver a verla. La invité a comer y a platicar.

– Estoy haciendo mis prácticas, estaré cómo unos 6 meses aquí, podemos vernos a menudo.- Sonreí pero no me esperaba lo que me iba a decir a continuación – Llevo dos años saliendo con alguien, estudia Veterinaria… ella es una gran chica.

– ¿Ella?- no entendía nada, la miré algo extrañada.

– Soy lesbiana- me dijo

– ¿Yo también lo soy?- pregunté

Rió un poco y contestó que no – las lesbianas son mujeres que se enamoran de otras mujeres, y tú no eres una mujer.

– ¿Entonces que soy?- pregunté angustiado.

– Eres Darío, en Medicina le llamamos “Transexualidad“, pero es un término bastante discriminador.

¿Transexualidad? Es la primera vez que escuchaba esa palabra… era la primera vez que nombraba a lo que me estaba pasando.

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Cap. 15

Por: -Sonia-

Invité a comer al siguiente día a mi amiga, Carmen cocinaría algo especial y yo iría a buscarla al dispensario (donde hacía sus prácticas). Al fin se conocieron las dos.

Hablamos de los viejos tiempos, de la secundaria, Carmen le contó sobre cuando nos conocimos y… le contó sobre su enfermedad.

– ¿Llevas un tratamiento?- le preguntó mi amiga

– No, la última vez que pisé un hospital fue hace cómo 10 años, no hay cura… me resigno.

Cambié el tema, no quería hablar de eso. Comimos y seguimos platicando.

Por la noche, acompañé a mi amiga a su casa:

– Carmen puede tener remedio, podemos ir a la Capital, puedo buscarle algún apoyo y ella podrá vivir más. Además, tú podrías encontrar la manera de ser Darío por completo, hay medicinas, hormonas, tratamientos para eso… Piénsalo, si lo deciden, pueden vivir con mi novia y conmigo, es un departamento pequeño pero cabemos los 4.

LE agradecí lo que me dijo y de regreso a casa lo pensé “Ser un Darío completo”, me imaginé teniendo un barba, quitándome el molesto busto que tenía y que las vendas comprimían… teniendo eso que los otros hombres tienen. Yo lo quería.

Llegando a casa le hable a Carmen sobre lo que me dijo mi amiga, no se notó muy convencida:

– También podría entrar a un tratamiento yo- dije

– No estás enfermo, debes entender eso… sólo la sociedad no te entiende, pero nunca te sientas cómo enfermo- me dijo Carmen

– ¿Entonces porque no tengo un pene? Jamás podré hacerte feliz cómo quisiera- lloré de nuevo, Carmen me abrazó.

– ¿Acaso un pene te hace hombre? Para mi, eres el hombre más maravilloso del mundo y el amor de mi vida, te amo… no lo olvides- me besó en la frente y nos fuimos a dormir. Ahora tenía una nueva idea en mente: ir a la Capital.

Durante unos meses le insistí a Carmen con esa idea, hasta que accedió:

– Debo pedirle permiso a mi hermano, llegará de visita en unos dos meses ¿puedes esperar?- preguntó

Por supuesto que podía esperar, la esperaría el tiempo que fuera necesario. Todo parecía tan perfecto que no me creía fuera real.
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Cap. 16
Por: -Sonia-

El hermano de Carmen era un caso singular, se había ido de su casa desde hacía muchos años y visitaba a su mamá y hermana cada medio año.

Faltaba casi un mes para irnos, lo había hablado con mi amiga y lo aceptó gustosa… Esa tarde visité a mi madre (de hecho me quedaría con ella a partir de ahora, ya que Carmen había vuelto a su casa).

Me vestí de una manera neutra, no quería entrar en problemas con mi madre y me instalé en mi vieja habitación, mi madre preparaba la cena y todos los hermanos estaríamos reunidos. Así que les dije que me iba a la Capital:

– Ni creas que te ayudaré en esas locuras- dijo mi madre

– Quiero estudiar una carrera, voy a vender mi parte de la herencia y con ese dinero podré solventar mis estudios- dije

– No, no lo harás… esas tierras no son tuyas, tu padre dejó específicado que sólo si te casaba podrías tener ese patrimonio-

Me exhalté… me exhalté demasiado y me levanté de la mesa, fui a mi habitación, mi hermano mayor me siguió:

– Sé lo que quieres en realidad, quieres vivir cómo lo que quieres ser… sabes que te apoyo, pero no vendas tus tierras, ponlas a trabajar y cuando regreses, tendrás tu propia tierra donde podrás vivir feliz con tu esposa, quién sabe… hasta hijos tienes… Vete a la Capital, yo te apoyaré en todo, hermano.

Lo abracé, lo amaba tanto, jamás imaginé que él fuera tan abierto y comprensivo, cuando lo abrazaba a veces sentía a mi papá, me gustaba imaginar que mi papá me mandaba fuerza para seguir através de él.

– Gracias.- fue lo único que pude decir.

Casi todas las tardes me iba con mi amiga al dispensario, había renunciado al trabajo y acomodaba todo para irme a la Capital, no quería volver a mi pueblo en muchos años, hasta que Darío fuera una realidad total.

No veía a Carmen desde hace algunos días, no quería buscarla en su casa, odiaba a su hermano por alguna extraña razón; pasó una semana y Carmen se asomó por la ventana de mi cuarto. Salí a verla:

– No podré ir contigo, pero tienes que irte ahora- dijo, se notaba muy nerviosa.

– ¿Así que tú eres el famoso “Darío”? ¿O debería decir “Lilia”?- un hombre se acercó entre la oscuridad de la noche, era… el hermano de Carmen.

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Cap. 17
Por: -Sonia-

Sentí el primer golpe directo en mi cara:

– ¿Qué eres tú… monstruo? ¿Qué le has hecho a mi hermano? Eres una enferma- gritaba su hermano, volvió a golpearme; Carmen tocó el timbre de mi casa.

– Te diré algo enfermita… más te vale que te alejes de mi hermana, no se irá contigo y tus enfermedades… déjala en paz… porque no sólo te haré daño a ti y a tus hermanos- se acercó a mi oído- también se lo haré a ella.

¿Qué podía decir yo? Mis hermanos salieron y el tipo se levantó, ellos querían golpearlo…

– Adiós Darío, Lilia… o quién seas…- tomó a Carmen de la mano y se fueron.

Mis hermanos me ayudaron a levantarme, mis cuñadas me pusieron compresas frías y mi madre me miraba inquisidora:

– ¿Darío? ¿Ese nombre usas para irte con esa muchachita? Tú eres Lilia… así te llamas.

– No madre, ¿no me ves? Nunca he sido Lilia, soy Darío… nunca he sido una mujer ni quiero serlo… dentro de mi están un enorme deseo por ser un completo Darío… soy un hombre madre, soy un hombre en este cuerpo equivocado- le grité

Ella me dió una cachetada y me escupió:

– Tiene razón él, eres una enferma… vete de mi casa, mi hija murió… vete ahora de aquí. Y a ustedes- dijo señalando a mis hermanos- quiero que se olviden de esta enferma, no la vuelvan a nombrar, quiero que no le vuelvan a hablar… ¿me entendieron? O aparte de quedarse sin hermana… se quedarán sin madre.

Se fue a su cuarto, tomé mis cosas y me despedí de mis hermanos, todos me dieron un sobre con dinero, unos me dieron algo de su ropa, perfumes, desodorante; mi hermano mayor me llevó con mi amiga y me dió unos documentos:

– Arreglé lo de las tierras, yo las trabajaré por ti y cada mes te depositaré en esta cuenta del banco. Cuídate mucho, escribeme seguido y espero visitarte en tu nueva vida- Lo abracé y le agradecí infinitamente por todo.

– Te amo hermano- dije

– Te amo a ti también, eres mi hermano favorito…el más pequeño, debo cuidarte. Y no te preocupes por Carmen, yo estaré al pendiente de ella- me despedí de él.

Llegué con mi amiga y le conté todo, ella aún no terminaba sus prácticas… pero esa misma madrugada me fui de aquel pueblo donde había estado toda mi vida . Después de casi 15 horas de viaje, llegué a la Capital… me esperaba la novia de mi amiga:

– Tú debes ser Darío, mucho gusto- me dijo

Fuimos a su departamento, me instalé en un cuarto, tenía una pequeña cama.

Mi amiga llegaría en un mes, mientras tanto debía acoplarme a la vida de esa Ciudad tan ajetreada…

Pero, al menos esta semana estaría encerrado.

Aunque dentro de mí algo nacía, en esa ciudad nadie me conocía… podría ser el inicio del surgimiento de Darío.

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Cap. 18
Por: -Sonia-

Me despertó un dulce olor a comida que incitó mi hambre, me asomé a la cocina y estaba la novia de mi amiga cocinando.

– Pensé que seguirías dormido, siéntate… preparé la comida por tu llegada.

Así lo hice, trajo pasta y una ensalada (ella era vegetariana). Comenzamos a hablar de la Ciudad, de la escuela, de su carrera:

– He hablado mucho de tí Darío… dime, ¿qué buscas aquí?- preguntó

– La verdad, ni yo lo sé… dejaré que la ciudad me muestre mi camino- y sonreí. – Pero… ¿cómo se conocieron ustedes dos?

– Mañana te contaré esa historia, ahora quizá debas descansar del largo viaje.

Así lo hice, al siguiente día comenzaría mi rutina… me desperté temprano, me bañé y ella me esperaba para darme mi primer recorrido por la Ciudad, conocimos la zona donde vivíamos, las tiendas y cualquier negocio que me fuera de interés; conocimos las rutas del transporte, viajamos por el subterráneo y al final llegamos a una zona llena de bares y “antros”.

– Esta es la zona gay de la ciudad, todos los negocios de aquí son para gente gay…lesbianas, gays, bisexuales y todo eso, pero ven.

Caminamos entre la gente, había hombres besando hombres, mujeres besando mujeres y yo me sentía algo fuera de lugar y debo admitirlo, algo incómodo, llegamos a un bar y entramos, era bastante peculiar ya que los adornos me recordaban a mi pueblo natal.

– Aquí la conocí, le invité una cerveza y bueno… esa noche la pasamos juntas, ya casi cumplimos tres años.

Miraba atento lo que pasaba a mi alrededor, había mujeres y hombres, creo que ella notó mi tensión:

– ¿Eres gay Darío?- preguntó

– No sé a que te refieres.

– Si te gustan los hombres- dijo

– No, me gustan las mujeres… tengo una novia, se llama Carmen, se quedó allá.

– Lástima, eres muy guapo y mis amigos hubieran estado gustosos por conocerte, bueno, aún debes conocerlos… pero será en otra ocasión.

Salimos del bar y fuimos al departamento, estaba muy confundido…

¿gay? ¿lesbiana? No, yo no era ninguno de esos dos, yo era un hombre que le gustaban las mujeres… pero… no había nacido hombre, ¿entonces dónde cabía?

Aquella noche dormí intranquilo, la ciudad me enseñaría muchas cosas… de eso estaba seguro.

Pasó el mes y mi amiga llegó, para ese entonces yo ya me movía medianamente bien entre la ciudad, fuimos al mismo bar de antes para celebrar su regreso, ambas invitaron amigos y me los presentaron; mi amiga se acercó a mí, traía agarrado al brazo a un chico, era muy guapo, alto, delgado y con una curiosa barba:

– Darío, te presentó a León… creo que se llevarán bien.

Estrechamos nuestras manos y sacó su cajetilla

– ¿Fumas? ¿Quieres uno?- preguntó, asentí con la cabeza y salimos.

Fumábamos y me miró:

– ¿Así que tú también? – preguntó

No sabía a que se refería, hasta que bajó un poco su blusa y noté las vendas… ¡ él era cómo yo! No supe ni que contestar, me sentía… me sentía más que bien, ¡ No estaba solo! ¡No era el único!

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Cap. 19
Por: -Sonia-

Me quedé mudo, él siguió preguntándome:

– ¿También eres trans?

– No sé cómo podría saber eso- dije nervioso

– Fácil, ¿te sientes cómo hombre?

– Sí- respondí sin titubear – Aunque haya nacido niña-

– Entonces no hay más, lo eres- dijo

– Pero… ¿cómo podría ser un hombre? No tengo… bueno, tu sabes… además tengo estas cosas en el pecho y yo…

Me tomó del hombro y me dijo: – Tranquilo, a partir de ahora no estarás solo-

Sonreí, me sentía increíblemente bien, por primera vez me sentí tranquilo al saber que no era el único al que le pasaba esto, no me sentía un fenómeno, no me sentía anormal.

Quedé con León en salir a comer al siguiente día, pasó por mi al departamento y fuimos a su casa, le pregunté por su historia.

– Solía llamarme , enrealidad no quiero ni recordalo, fui el primer hijo de mi madre y padre, me crié solo cómo 14 años…después nació mi hermana menor. Jamás me sentí cómo lo que los demás me veían, dentro de mi sabía que era un chico, a veces me imaginaba que despertaría y sería ya un hombre. Hasta los 15 años supe lo que me pasaba, comencé a vivir cómo lo que verdaderamente era… un chico, me corrieron de casa y bueno, me hice independiente… estudio fotografía y la que me apoya es mi abuela, siempre quiso tener un nieto – y rió

Le conté lo que me pasaba, lo dificil que había sido la vida en el pueblo, nos identificamos bastante, nuestras experiencias eran similares, esos sentimientos de algo que no coincidía con nosotros, el reflejo equívoco en el espejo… sentirnos mal por usar ropa que no era de nosotros.

Así cómo yo me cortaba, él tenía un pequeño problema de drogas… al parecer la aceptación de su familia le pesaba bastante.

– Y bien ¿ qué quieres hacer ahora?- preguntó

– Quiero tener una barba cómo tú- sonrió

– Para eso debes hormonarte- dijo – Pero creo que antes debes vivir cómo un hombre… yo haré de ti un hombre.

Sonreímos los dos, creo que había encontrado un cómplice, la puerta de su casa se abrió… era un chico muy, pero muy guapo (sí, hasta yo lo admito) Nos miró y saludó a León de un beso en la boca:

– Él es Darío, es mi nuevo discípulo- dijo riendo – él es mi novio- me dijo León

Saludé al chico, quién se disculpó y subió las escaleras, León notó mi desconcierto:

– Sí, soy gay y sí, mi novio también es trans… ¡Ay Darío! Te falta tanto por conocer… el primer paso será, ver películas con temática FtM- me dijo y tomó del brazo para irnos a la sala

– ¿FtM? – pregunté

– Female to Male… es en inglés, también se le llama transexualidad masculina u hombres transgénero; ahora serán tus nuevos calificativos, claro… si quieres llevarlo o… puedes ser un hombre, un hombre a secas.

Sonreí, estababa bastante confundido… ¿Transgénero? ¿Transexual? Sin duda tenía mucho que contarle a Carmen, mi Carmen….

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Cap. 20
Por: -Sonia-

“Querida Carmen:

Sé que prometí escribirte a diario, pero a veces no puedo, tengo tanto que contarte en esta primera carta.

Conocí a León, es un chico trans, así cómo yo; así es.. ahora teng un nombre, soy un hombre trans y estoy empezando a vivir cómo tal, bueno, León es gay (sí a mi también me sorprendió y su novio es tan guapo) En fin, ahora el es una especie de “hada madrina” (así me pidió que lo llamara).

Con él, iniciará mi proceso… te mantendré al tanto, tuyo siempre.

Darío”

No le había escrito a Carmen desde que llegué a la Ciudad, mi amiga me había dado un par de cartas que me mandó y me dijo que tenía un buzón personal en la oficina de correos, así todo lo que llegara de mi, sólo ella podría recogerlo.

Accedí que León se encargara de mi estilo, ese día visitamos a un viejo amigo suyo que era estilista, me cortó el cabello y me gustó cómo quedé.

– Bien, ahora vamos por ropa… conozco un bazar muy bueno- dijo León

– ¿Qué tiene de malo mi ropa?

– ¿Qué tiene? Por Dior, mira esas botas… estamos en la Ciudad, debes mimetizarte en esta jungla de asfalto, además… ¿no quieres ser un nuevo Darío?- así fue cómo me convenció para comprar nuevas camisetas, pantalones de mezclilla un poco entallados y algunos pares de tenis.

Regresamos a su departamento y me regaló un paquete de vendas nuevo:

– Quítate las vendas, te enseñaré a vendarte bien-

Así lo hice, León me ayudó a ponerme más cómodas y ajustadas las vendas y así mi torso se veía más plano, me puse alguna de la nueva ropa y me miré al espejo, estaba completamente cambiado. León tomó su cámara y tomó algunas fotos.

– Me veo tan diferente- dije mientras me miraba en el espejo

LEón se puso detrás mío – Ha nacido Darío, bienvenido- besó mi mejilla y me dijo que nos fueramos a festejar. Me presentaría a algunos de sus amigos.

Estaba tan nervioso, no sé si podría asimilar conocer a tantos chicos trans de un sólo golpe… aún así accedí, León frecuentaba un bar “Buga” (sí, había aprendido nuevas palabras de la jerga gay), lo curiosos de ese bar es que la mayoría de mujeres que iban, buscaban chicos trans… ya sea para una aventura, una experiencia o un noviazgo.

León siempre iba ahí a encontrarse con sus amigos, su novio era médico residente y casi no tenía tiempo libre, por eso vivían juntos para verse aunque sea por las noches…creo que eso afectaba a León, quién cuando salía bebía mucho y llegaba a drogarse.

Llegamos y me presentó a sus amigos, no parecía encajar, era muy introvertido y casi no bebía, pero…por algo debía empezar ¿no?

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Cap. 21
Por: -Sonia-

Pasaron 3 meses con rapidez… Conocí un nuevo mundo trans.

Acudí a varios grupos con León, creo que cada día me convencía más que eso es lo que quería.

Es curioso, entre todos los chicos trans que conocí, había un común, todos teníamos ese incesante deseo por ser hombre, vivir como hombres…que toda la gente nos percibiera como hombres. LA diferencia radicaba en lo que ellos llamaban “disforia”, se referían a que tan agusto se sentían con el cuerpo que tenían.

Realmente nunca había comprobado eso, quería un pene, eso era verdad…pero no estaba tan disgusto con lo demás (quizá un poco los senos porque eran medio grandes), conocí a muchos chicos que renegaban de sus genitales, los querían cambiar a cómo dieran lugar; mientras que para otros la cuestión genital no demeritaba la construcción de hombres que estaban llevando a cabo.

– Tienes tanto busto- me decía León cuando me vendaba – seguro hacías muy feliz a tu novia- y reía

– Nunca…. bueno, nunca he tenido sexo en mi vida- dije algo apenado, el me miró con un poco de escepticismo.

– ¿Cúantos años tienes?- preguntó

– 20, en unos meses cumplo 21.

– ¿Me estás diciendo que en todos estos años jamás has tenido sexo? ¿No te has masturbado nunca?

– No, nunca he tenido curiosidad por eso, siempre he sentido que me falta algo…pero bueno, no lo he experimentado- dije muy ruborizado

León sonrió y terminó de vendarme – Vamos al bar, debes de cambiar eso- dijo

Llegamos al bar y beí un poco más de lo habitual, León… bebió aún más, terminamos un poco ebrios, el más que yo y caminamos a su departamento, lo recosté en su cama y quede sobre de él. Levantó suavemente su cara y me besó:

– ¿Me estás diciendo que nunca habías besado a un hombre?

No sé que pasó en ese momento por mi cabeza, pero… lo besé de nuevo, y nos fuimos desnudando los dos.

– Déjame sentir tu cuerpo- susurraba León…

Sin duda todo eso estaba en contra de lo que pensaba que un hombre tenía que ser, pero… ¿ y si era una de las pruebas que me ponía la vida para definir mi identidad, para decidir realmente que es lo que quería?

Cerré los ojos y me dejé llevar por los besos de León recorriéndome, sus caricias por mi cuello, hombros y que fueron bajando más y más…

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Cap. 22
Por: -Sonia-

Desperté con León a un lado y me espanté un poco, tomé mi ropa y me fui al departamento de mi amiga, me metí a bañar y pensaba en lo que acababa de hacer.

– Definitivamente no lo haría de nuevo- pensaba – al menos no con un hombre – reí

Esa tarde me quedé pensando, algo había cambiado dentro de mí, no me sentía el mismo… cerré la puerta del cuarto y me miré en el espejo, ese cuerpo no lo reconocía pero… me había brindado un placer desconocido la noche anterior. Ese cuerpo tenía y ahora había despertado en mi aquella parte sexual de la que Carmen me había hablado.

Mi amiga y su novia notaron mi comportamiento algo errante y les conté lo que había pasado:

– ¿Entonces no te gustó?- preguntó la novia

– No, la verdad es que no… no me sentí yo, aunque he de confesar que fue placentero… pero, me faltó algo- dije apenado

– ¿Un pene?- preguntó la novia y comenzó a reir – ¡Ay Darío! Eres tan tierno e inocente… pero para eso hay otros medios ¿acaso León no sacó nada de eso?

No supe que responder, creo que en mi entrenamiento trans no había llegado a la parte de “simulación de pene”; no quise preguntar más, eso no se le preguntaba a las damas.

Ellas dos se me quedaron viendo raro, se puso el ambiente algo tenso…pero la novia de nuevo habló:

– Al parecer te encontré un trabajo, en la facultad necesitan a un cuidador de vacas y borregos y creo que eso hacías antes, te recomendé…quedaron en avisarme en unas dos semanas.

Sonreí demasiado, le agradecí.

Pasaron días sin saber de León, hasta que se presentó en el departamento un día, lo llevé a mi habitación:

– Darío, perdóname… no quería obligarte a hacer algo que no querías y … soy un tonto, pero no quiero perder a un amigo- dijo

– No lo harás- y lo abracé – Además, ni me gustó- reí y golpeó mi hombro.

– Eso fue porque no usé todos mis aditamentos, fue algo ligero- contestó

Ahora era el moments: – ¿ a cuales aditamentos te refieres?- pregunté algo curioso, me tomó de la mano y me dijo que me llevaría a un lugar.

Llegamos, era.. una sex shop, entramos y mi cara se ruborizó de inmediato, León me platicaba normalmente para que servía cada una de esas cosas: lubricantes, aceites, esencias, máscaras, disfraces…

– Llegamos, el área de dildo y arneses- dijo sonriendo

Mis ojos se abrieron cómo platos …. ¿eso era un pene de plástico? Lo toqué algo nervioso… era la primera vez que veía algo semejante.

– Tal vez deberías considerar el hecho de comprar uno, pero eso sí…con un arnés, después puedes sofisticarte más… pero, ahora ese podría ayudarte- dijo

Lo dejé de nuevo en la repisa, y le pedí que salieramos, me sentía algo incómodo y creo que LEón lo notó.

– ¿Te pasa algo?- dijo

– No lo sé, pero no me gusta todo eso… me siento raro.

– ¿Porqué?- preguntó

– Quizá por la manera en que fui criado, hacían ver el sexo cómo algo malo y el cuerpo también.

– Entonces quizá debas reconsiderar esa idea ¿no crees?

Lo miré y me abrazó – No será muy fácil- dije

– PEro, por algo estoy contigo- respondió y seguimos caminando por aquella zona llena de sex shops.

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Cap. 23
Por: -Sonia-

Llegó mi cumpleaños 21, ahora estaba lejos de casa y estaba emprendiendo una nueva vida, todo me parecía tan irreal, a diario pensaba en Carmen, la extrañaba a cada momento.

Aquella mañana fue normal en el departamento, mi amiga y su novia se fueron desde temprano, quedaba solo , sonó el timbre: eran León y su novio, me pidieron que los alcanzara por la noche en el bar, para brindar los tres. Por supuesto accedí, no era muy común salir con el novio de León (guapísimo).

Me alisté, me puse ropa que me hacía sentir bien, me perfumé y salí… me sentía un hombre, pero era cómo una gestación, era el inicio de convertirme en un hombre.

Llegué al bar, estaba algo oscuro, cómo si estuviera cerrado; abrí la puerta y las luces se prendieron de repente:

– ¡Sorpresa!- gritaron, ahí estaban mi amiga y su novia, así cómo León y su novio, estaban varios amigos de León y de mi amiga, sonreí… casi lloré, nunca había tenido una fiesta sorpresa.

– ¡Feliz cumpleaños Darío!- gritaron al unísono, mi amiga se acercó y me abrazó.

– ¿Creíste que lo olvidaría?- me entregó un sobre, era la aceptación para el trabajo en la Facultad de Veterinaria, algo de dinero. Me entregó un segundo sobre ¡Carta de Carmen!

León se acercó a mi y me abrazó, su novio guapo también, ambos me entregaron una tarjeta con la que , según León, compraría la ropa que quisiera.

Después vino el pastel, una atractiva mesera lo traía y soplé las velitas.

– Feliz cumpleaños- dijo, puso el pastel en la barra y me besó.

No dije nada.

Aquella noche fue la más especial de toda mi vida, brindaba con la gente reunida, bailaba, bebía y casi al finalizar la noche, se acercó la mesera:

– Espero no te haya molestado mi regalo- sonrió

– Para nada- dije coquetamente

– ¿Eres cómo León?- preguntó curiosa

– Sí, soy trans- respondí muy seguro

– No, me refiero a que sí eres gay, ya sabes… un hombre que le gusten los hombres- y comenzó a reir por la ingenuidad de mis respuestas, negué con la cabeza, estaba ruborizado – Bien, entonces búscame la próxima vez que vengas, podemos ir a un lugar más tranquilo.

Se acercó de nuevo y me besó en la mejilla -Pásala bien, cumpleañero.

Llegando a casa leí la carta de Carmen, me deseaba un feliz cumpleaños y me decía lo mucho que me extrañaba.

“Vuelve pronto…” Escribió al final de la carta.

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Cap. 24
Por: -Sonia-

Inicié mi trabajo en la Facultad, cuidaba de los animales del pequeño establo que tenían ahí dentro, mi jefe indmediato me trataba cómo Dario, no tuve ningún problema por mi pasado. Eso me pareció bastante alentador, sin duda era el inicio de una vida.

Seguí frecuentando el bar, la mesera y yo teníamos un cotilleo extraño, ella me gustaba y mucho, era demasiado sensual y su cuerpo me atraía, me excitaba… pero, nada más.

Esa noche dejé que terminara su turno, la esperé y me llevó a su departamento, bebimos algunas cervezas y nos fuimos de inmmediato a la habitación, la desnudé en cuanto pude. Su cuerpo era tentador, era seductor… probé cada rincón de ella, quería sentirla, probarla…

– ¿ Traes algo?- preguntó

No entendí a que se refería y me dijo que buscara algo en el cajón de su ropero, lo abrí y me sorprendí que había un arnés que sostenía un enorme dildo; me dijo que me lo pusiera… titubeé.

Sostenía el dildo entre mis manos… ¿porque las cuestiones sexuales me causaban tanto conflicto? PEro lo decidí, mandé al demonio todo y me puse el arnés… me acerque a ella, su mirada encendida me provoco, sobre todo cuando masajeo el dildo para ponerle un condón.

– ¿Lo sientes?- preguntó

– Sí- y era verdad, cerraba los ojos y sentía que en verdad estaba recibiendo alguna extremidad mía ese masaje, y bueno, no cualquier extremidad… era aquella que me causaba más angustia.

Se recostó y me acerqué a besarla… puso sus manos en el dildo y lentamente lo fue insertando en la fuente de humedad incipiente.

– Ahora muévete- susurró muy excitada y así lo hice, no sé de donde salieron esos movimientos, eran cómo si supiera exactamente que hacer… con aquel suplemento que sentía tan mío. Sentía la humedad y la calidez que me brindaba aquella mujer, recorrío un choque mi cuerpo y … sentí aquél clímax.

Cerré los ojos, gemí y algo dentro de mi se descargo, tenía las piernas de ella sostenidas en mis hombros, sus gemidos se incrementaban con el ritmo de las embestidas que le daba y yo sentí que..

– ¿Te veniste?- preguntó jadeante

– Sí- respondí aún excitado

¿Qué había sido eso? No lo sé, pero no pude dejar de hacerlo, esa noche ella y yo pasamos la noche más sexual de toda mi vida, me sentía poderoso, único… me sentía un hombre por completo, jamás pensé que un aditamento, apra algunos; me resultara el complemente ideal.

Salí de ahí hasta la tarde del día siguiente, prometimos que no sería la única vez.

Fuí de inmediato a la casa de León, le platiqué todo:

– Asi es ella, la devoradora le apodan, cada chico trans nuevo que va al bar ella lo prueba y comprueba- León rió

– Usé un arnés- dije algo sonrojado

– bien, poco a poco te vas desenvolviendo… quién sabe, más pronto de lo que piensas estarás listo para la prótesis- respondió.

Esa noche le escribí a Carmen, obviamente no le dije lo de mi aventura, le conté sobre la prótesis y mi cambio gradual que me hacía muy feliz.

Carmen seguía escribiendome, aunque cada carta la notaba con más angustia, dejó de trabajar, su hermano no la dejó, afortunadamente mi hermano la veía casi a diario y así le entregaba las cartas.

Pero, por una vez en mi vida no quise regresar a esa vida, ahora me sentía invencible… ahora, era un verdadero hombre.

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Cap. 25
Por: -Sonia-

“Amada Carmen:

Hace tanto que me fuí de tu lado, pero sigo esperando el momento en el que nos volveremos a reunir.

Todo va muy bien aquí, León me celebró una fiesta sorpresa para mic umpleaños 22, sólo estuvimos los 4: su novio,él, mi amiga y su novia. Se han convertido en mi familia.

Te envío una foto mía que tomó León ese día, me veo bastante guapo… Quizá León tiene buen ojo.

Tuyo siempre. Darío”

Así es, pasó un año desde aquél cumpleaños en el que Darío fue el único nombre que me dirigieron, las cosas no han cambiado mucho.

León se convirtió en mi mejor amigo, en una especie de hermano que sabe todo de mí, hasta sabe lo que pienso.

Mi amiga y su novia me siguen recibiendo en su departamento, todo marcha muy bien con ellas.

Con aquella mesera, de vez en cuando nos vemos, ambos sabemos que no prosperaría ningún sentimiento entre nosotros, así que ella me ha servido para descubrir aquella parte sexual que estaba reprimida, debo agradecerle el hecho de que disipara muchas de mis ideas sobre mi sexo y sobre mi cuerpo. Ahora disfruto placeres que me había negado por mucho tiempo.

– ¿Cuándo te comenzarás a hormonar?- me preguntó León mientras escribía la carta.

– No llevo prisa- respondí

– ¿No quieres terminar lo que has empezado?- dijo

– No es eso… tengo miedo, tengo miedo de regresar con Carmen cómo alguien completamente diferente, tengo miedo de que mis hermanos no me reconozcan y que no pueda revertir nada de eso, que e convierta en algo de lo que no estoy convencido.

León me abraza, el me apoya aunque no sabe muy bien de lo que hablo, me gusta vivir cómo Darío, me encanta verme y olerme cómo Darío… pero, hay algo en las hormonas que me dan miedo.

Curioso, lo que más deseo en el mundo y algo me lo detiene, quizá quiero hablarlo con mi familia, con mi Carmen, quizá quiero tener la certeza de que funcionará…antes de que me embarqué a un posible callejón sin salida.

En mi vida laborla me iba muy bien, resulta que no sólo cuidaba del pequeño establo de la facultad, también les enseñaba a manipular animales y a veces acompaña algunas prácticas de campo que tenía a diversos ranchos, recordaba mi vieja vida, la verdad estaba muy satisfecho.

Algunas veces, le ayudaba a estudiar a la novia de mi amiga y entonces… recordé mi viejo sueño, estudiar veterinaria.

Aún me faltaban algunas cosas por concluir en mi vida y en mi transición, pero quería empezar a estudiar, era mi sueño, debía hacerlo.

– ¿Sabes? Cada año lanzan una convocatoria de una beca especial en la facultad, se la dan a alumnos de escasos recursos, buscaré la convocatoria y te mantendré informada- me dijo la novia de mi amiga.

Sólo quedaba esperar…

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Cap. 26
Por: -Sonia-

Lo de la Convocatoria si fue cierto, así que junté mis documentos oficiales y una carta de recomendación de mi jefe y de la novia de mi amiga.

El paso final del proceso, era una entrevista que te hacía el Consejo Académico de la Facultad, me puse mi ropa más elegante y llegué temprano, me senté junto a una chica bastante linda, tenía el cabello chino y usaba lentes, alta y morena. ME vió y sonrió.

– ¿Me prestas tu pluma?- preguntó tímidamente, se la preste y anotó algo en los documentos que llevaba.

– ¿Vienes por lo de la beca?- pregunté curioso

– ¡Oh no! Vengo a pedir una autorización para mi tesis- respondió gentilmente – ¿tú si vienes por la beca?

– Sí- respondi nervioso

– Pues te deseo mucha suerte- guiñó el ojo, de la oficina se escuchó a la secretaria llamando:

“Marisol Gutierrez”

Volvió a mirarme y sonreirme, se metió a la oficina y me quedé nervioso. Una secretaria se acercó a mí.

– ¿Es usted la solicitante..?- se me quedó mirando muy raro

– Así es- respondí

– Lilia ¿cierto?- dijo mirando los papeles… Asentí fríamente con la cabeza – Por favor, acompáñeme.

Caminé por un corredor, hasta la última oficina, entramos y la secretaria le dió mis documentos al hombre que estaba en el escritorio, era el director del consejo Académico.

– Buenas tardes, ¿srita.? ¿Lilia?- preguntó algo sarcástico, no me gustó ese tono. Comenzó a hacer las preguntas de rutina, sobre mi historia de vida, a que me dedicaba (obviamente omití el hecho de que trabajaba en la Facultad).

– ¿Darío eh?- dijo hasta con cierto tono de burla – Sin duda su relato es verdaderamente conmovedor, pero en esta escuela no aceptamos… cierto tipo de enfermedades.

Esperen ¿dijo enfermedades?

– Lo siento srita, srito…Lilia Darío, su solicitud ha sido rechazada y yo le recomiendo asista a un psiquiatra, las enfermedades mentales no son vistas muy bien en la sociedad.

– Yo no estoy enfermo- reproché, tomé mis documentos de su escritorio y salí corriendo… en el corredor estaba MArisol, la chica de la sala.

– Creo que no te la dieron- dijo

Ni siquiera le respondí, corrí por las escaleras y me alejé de ahí… corrí hasta llegar al establo, me escondí y me solté a llorar, jamás en la vida me había sentido tan humillado, tn estúpido. Creo que la realidad me estaba golpeando duramente y no estaba preparado.

Por la noche le conté a mi amiga y su novia:

– Ese pedante panzón, tiene fama de intolerante… Lo lamento Darío, no pensé que él te fuera a atender, pero lo quitan en 2 años, en ese momento termina su período- me abrazó.

Aquella noche lloré en mi habitación, sintiéndome muy miserable y humillado ¿acaso la gente podría llegar a ser tan ignorante? Tenía que hacer algo… tenía que mostrarle al mundo que no estaba enfermo cómo suponían.

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Cap. 27
Por: -Sonia-

Seguí en mi establo, a veces me preguntaba ¿cómo era un verdadero hombre?

Había empezado a hacer ejercicio, mi complexión se había tornado un tanto más gruesa, mis senos habían disminuido de tamaño, ya no me vendaba, ahora usaba un binder que me había regalado el novio de León.

Creo que estaba haciendo mi transición de una manera lenta, pero no quería iniciar un tratamiento hasta no asegurarme que podría hacer el cambio total: hormonarme, hacerme una que otra cirugía y por supuesto, cambiarme el nombre.

PEro, para eso, necesitaba dinero… que no tenía, necesitaba apoyo, que tenía parcialmente, necesitaba a mi familia, a Carmen. Los encesitaba más que nunca.

Así pensaba cada mañana mientras tomaba mi café, solo en aquél establo, esa mañana ocurrió una excepción.

– Buenos días- escuché afuera y me asomé, grande fue mi sorpresa cuando la ví…

– MArisol- susurré

– ¿Eres el chico de la beca, cierto? ¿Eres el encargado del establo?- preguntó

– Mucho gusto, soy Darío- dije

– Me llamo Marisol- sonrió – Vine a trabajar contigo, ¿te acuerdas que te dije sobre mi tesis? Pues trabajo sobre vacas- rió- Creo que tenemos algo en común.

Reí un poco, ella me contó que tenía un proyecto para la mejora en las vidas de las vacas, hacer una especie de comida especial que mejoraría el sabor de la leche y que se vendería cómo leche orgánica, una alternativa en sabor y sobre todo, en nutrimentos.

– Así no se explotarían tanto a las vacas y podrían quedar satisfechas algunos sectores de la población, vendré todos los días a trabajar con algunas vacas, a alimentarlas y cuidarlas- dijo- Pero, sólo me dijeron en la dirección que debía arreglar mis horarios contigo, así que… estoy a tu disposición.

LA verdad me perdí entre sus chinos, entres sus ojos color marrón… en su tez morena, ella era muy alta y tenía una figura bastante hermosa:

– ¿Has trabajado con vacas, verdad?- pregunté

– Sí, mi papá tiene un rancho, ¿cómo lo supiste?- pregunté

– Tu complexión, eres mujer de trabajo… yo también me crié en un rancho- dije

– Pero para los hombres es fácil, sus padres les enseñan el oficio de inmediato… a las mujeres se nos complica, afortunadamente fuí hija única.

– Si supiera- dije entre mí

– Esta bien ¿cuando comenzamos?- pregunté

– En un mes, debo hacer algunas fórmulas y algunos pre-reportes… ¿te parece bien si trabajamos antes de mediodía? Así podríamos aprovechar el día-

Respondí que sí y ella se despidió…regresaría en un mes.

– Mucho gusto Darío, me dará mucho gusto trabajar contigo- dijo sonriendo.

Y yo, me quedé embobado…

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Cap. 28
Por: -Sonia-

DEscansaba un día a la semana y ese día, León me llevó a la Clínica Trans, así le llamaban, pues era un hospital donde te atendían en todos los ámbitos, antes, durante y después de tu transición.

– Lo único que no hacen aquí, es ponerte un pene…pero eso está bien cabrón- me dijo LEón

ERa un lugar grande y reconocimos a varios chicos, se juntaban en el bar o frecuentaban los grupos de apoyo que visitabamos. Ese día tuve mi primer cita con la psicóloga. ERa una mujer bastante amable.

Así iba cada tercer día, el proceso era acelerado porque lo había pospuesto po mucho rato:

– Cuando quieras puedo canalizarte para que te preescriban las hormonas y comiences tu Terapia de Reemplazo Hormonal, Darío.

-No puedo, debo ver a mi madre antes… pero, no quieor regresar a casa, no aún- respondí.

Pero la vida y aquel Dios Trans al que venerábamos LEón y yo… me puso a prueba, me llegó un telegrama urgente, era mi hermano mayor:

– Carmen está en el hospital, urge que vengas- mi mundo pareció colapsarse, al siguiente día arreglé todo para irme cerca de un mes de vacaciones y le respondí a mi hermano que llegaría en dos días.

Así fue, llegué por la noche a la Central de Autobuses, mi hermano se acercó y me abrazó.

– Casi no te reconozco, te ves muy bien- dijo

– ¿Y Carmen?- pregunté

– Está en el hospital, pero no puedes verla ahorita… mañana su mamá se irá con su hermano todo el día y puedes ir con ella, tranquilo, todo está arreglado.

Estaba preocupado y me sentía tan culpable por haberla abandonado.

– ¿Vamos a casa?- pregunté

– No, la jefa se moriría… ven a mi casa, puedes quedarte con nosotros el tiempo que quieras ahí- dijo

– ¿Nosotros?- pregunté

– Me casé, era una chica que trabajaba en la oficina de correos y pos de tanto ir para allá, nos enamoramos y nos casamos, ella tiene un bebé, es cómo si fuera mío- dijo sonriendo.

– ME da mucho gusto hermano, pues vamos… quiero conocer al sobrino-

Mi hermano me llevó a su casa, conocí a su esposa y asu hijo, mi cuñada me recibió con una sonrisa, me decía que le agradaba conocerme:

– Eres su hermano favorito, si vieras la emoción que le daba cuando le entregaba una carta tuya.

Aquella noche la pasé hablando con mi hermano, sobre mis amigos, sobre mis amigas, mi trabajo… aquella mesera.

– Y bien, estoy a un paso de comenzar mi transcisión, pero… tengo miedo.

– Debes contárselo a la jefa, debe de aceptar que tiene un hijo más- dijo mi hermano.

Quedamos en que ese mes que estaría ahí, le contaría a mi madre y a la madre de Carmen lo que estaba pasando conmigo.

– ¿Te casarás con Carmen?- preguntó mi hermano

Y… por un momento titubeé… vino a mi mente Marisol.

– No lo sé- dije – No lo sé…

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Cap. 29
Por: -Sonia-

Despertar, desayunar y arder en deseos en ver a Carmen, mi hermano me llevó al hospital y esperamos a que empezara la hora de visita.

Estaba nervioso, después de tanto tiempo…la vería, entre a su cuarto, estaba muy bien iluminado, puse unos dulces a su lado y besé su frente… aún dormía. Abrió sus ojos y nos miramos después de tanto tiempo.

– Volviste- susurró

– Te dije que lo haría y me quedaré contigo.

– Ya no me queda mucho, pero quería esperar a verte por última vez, Darío.

ME acerqué y besé sus labios, estaban resecos, ella se veía muy delgada, pálida…ojerosa, se veía muy decaída, pero un ligero rubor inundó sus mejillas de repente.

– Cuéntame todo lo que has vivido, anda- dijo

– No quiero marearte, mejor hablemos de tí-

– No hay nada, esperan que un día de estos me les vaya, un sacerdote viene a diario a darme sermones sobre arrepentirme para irme con Dios… siempre termino durmiéndome- y comenzó a reír.

LE conté sobre mi trabajo, sobre mi a miga y su novia, la beca fallida… León y su novio, los otros chicos trans.

– ¿Trans? eso me suena muy raro, para mi siempre serás Darío, el hombre más encantador que he conocido- dijo y se acercó a besarme, me recosté junto a ella y hablamos de cualquier cosa, reímos, nos abrazabamos.

– Carmen, te extrañé tanto.

– Y yo a tí, pero me alegra que tu vida se esté tornado cómo la deseas.

– Faltas tú- le dije

– Debes de olvidar eso, debes de buscar una nueva chica que te haga feliz… y debes jurarme algo Darío: quiero que te conviertas en el Darío del cual te sientas orgulloso, comienza las hormonas, cambiáte el nombre y busca estudiar… Júrame que lo harás.

Comencé a llorar, la abracé – ¿Y si dejo de ser yo?- pregunté

– No lo harás, porqué nunca fuiste tú; más bien… comenzarás a ser tú- besó mi frente y secó mis lágrimas.

– Carmen- susurré

– ME hubiera gustado ver a Darío completo, si me hubieran prestado más vida… me hubiese encantado compartirla contigo- besé de nuevo su frente y nos quedamos dormidos, no sé cuanto tiempo pasó… hacía mucho que no sentía esa paz que ahora me embargaba.

Pasé esa noche ahí, al parecer dejaban que las visitas se quedaran ahí debido a su condición. Por la mañana llegó mi hermano y me pidió que saliera, en el pasillo estaba el hermano de Carmen y su mamá.

– ¿qué haces aquí?- gritó el hermano y me empujó, su madre lo detuvo.

– Buenos días señora, me enteré que Carmen estaba enferma y quise venir a verla… y quiero hablar con usted de algunos malosentendidos.

– No, tú no tienes que decirme nada- se asomó al cuarto de su hija y volvió a mirarme- eres bienvenido cuando quieras hijo.

ME quedé tan sorprendido, pero la cara del hermano fue aún más sorprendida

– Pero esta… esta cosa está enferma, no puedes dejar que se acerque a Carmen, ¿no entiendes?

– Entiendo sólo una cosa, que Carmen se ha mantenido viva esperándolo a él, que ahora veo a Carmen feliz porqué él la hace feliz y sobre todo entiendo que ellos dos se aman, así que… si eso mantiene viva a mi hija, este muchacho es cómo mi hijo también- la señora me abrazó.

– Sé que no será fácil, pero para mi siempre serás Darío… el novio de mi Carmen, gracias por todo- y se soltó a llorar, la verdad yo tmb, me contuve un poco para mirar al hermano enojado irse.

Entramos ella y yo con Carmen, al parecer la sacaría del hospital para llevarla a casa en unos días, entró el médico y checó a Carmen, me miró algo extrañado:

– Es su novio, doctor- dijo la mamá de Carmen, cuando salió lo acompañé hasta la puerta.

– ¿Cómo está?- pregunté

– Realmente me sorprende que haya llegado hasta aquí, pero no creo que pueda resistir más, sus pulmones están muy débiles…les recomiendo que se la lleven a casa, para que no pase sus últimos días en este hospital.

¿Qué es lo que hace un hombre cuando le dicen que el amor de su vida va a morir y él no puede hacer nada?

No lo sé, pero yo me puse a llorar, me puse a llorar tanto mientras cubría mi llanto con mis manos, me sentía culpable y miserable al venir sólo cuando Carmen estaba a punto de morir.

Quería que si se iba… viviera los mejores días conmigo.

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Cap. 30
Por: -Sonia-

El hermano de Carmen se fue, no pudo soportar a otro hombre en su casa, me mudé con ella y su mamá.

Carmen dormía conmigo a veces y a veces con su mamá… veíamos películas, le leía, le contaba sobre las cosas que había conocido en la Facultad.

– Carmen, cuando regrese a la ciudad… comenzaré con las hormonas, ahorraré para hacer mi cambio legal y buscaré de nuevo la beca, quiero ser veterinario.

– Y lo serás mi amor, también debes buscar a una chica muy linda, que te ame cómo eres… no será dificil, eres encantador.

-Te amo Carmen, te amo tanto que no puedo decírtelo sólo con palabras, no sabes la importancia que tienes en mi vida, gracias a ti soy lo que soy ahorita, gracias a ti reconocí y sobre todo, ya no tuve miedo. Mi amor por tí es infinito… eterno, cómo en la eternidad donde nos encontraremos.

– Te amo, Darío.

Esa noche llovió mucho, se fue la luz… los truenos iluminaban la casa, esa noche dormí abrazándola… sentí su último aliento, por la mañana, Carmen… ya no seguía con nosotros. Llamé a su madre y comenzaron todos los servicios funerarios.

No sé ni siquiera lo que pensé, no sentía nada… recordaba a Carmen entre mis brazos, mi hermano fue a buscarme a la casa de Carmen, yo no podía llorar.

Pasaron un par de semanas, viví un tiempo con la mamá de Carmen, pero ella no pudo con el recuerdo y se fue de ahí:

-Siempre serás un hijo para mí, gracias por todo lo que hiciste por mi Carmen, por hacerla tan feliz… en mí siempre tendrás una madre, hijo.- eso me dijo la señora antes de irse.

Decidí hacer lo mismo, pero antes, tenía que hacer algo.

– Llévame con mamá- le dije a mi hermano y así lo hizo, abrió la puerta y recordé aquella vieja casa de mi niñez, recordé lo que sentía… recordé los momentos duros en los que no me reconocía, el sufrimiento, el dolor…pero también, el descubrimiento de Darío.

– Buenos días madre- dije, ella volteó a verme

– ¿Lilia?- preguntó

– No, soy Darío…- respondí frío

Ella se volteó y dijo – No tengo ningún hijo que se llame Darío, lo siento, no lo conozco… hagame favor de irse.

– Quiero decirte que comenzaré a hormonarme, con eso seré un Darío más completo, también cambiaré mi nombre y estudiaré en la Universidad… quería que lo supieras, no sé, quizá puedas apoyarme, quizá quieras saber cómo estoy.

– No me interesas, deforme, anormal… me das asco, el pueblo entero se burla de mi, piensan que te crié mal, que tengo mala sangre… pero lo único malo aquí eres tú… enferma, largo de mi casa- dijo gritando – siempre estarás muerta pra mí. Ojalá que en la ciudad te mueras, desaparezcas para siempre.

Salí corriendo de ahí, entré a la camioneta de mi hermano y le pedí que me llevara a la Central de Autobuses.

Mi propia madre me despreciaba, quizá, sólo por un momento pensé… era momento de dejar ese pasado doloroso atrás.

– Adiós para siempre, ya nada me ata a este pueblo- dije mientras iba rumbo a la central, a encontrarme con mi nuevo destino.

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Cap. 31
Por: -Sonia-

Llegué antes de lo esperado a la Ciudad, mi amiga y su novia fueron por mí… no lucía nada bien, les conté sobre Carmen y nos fuimos al departamento, me quedé encerrado unos días, salí para ir a mi cita con la psicóloga.

– Quiero la preescripción- dije muy seguro, ella me mandó con el endocrinólogo y… ese mismo día, tenía la receta en mis manos. Testosterona, era todo.

Pasé a la farmacia a canjearla, sería una cada 28 días, salí con la caja entre mis manos, sentía cómo si mi vida estuviera en ese medicamento, mi felicidad se contenía en ese pequeño empaque… Darío, estaba ahí.

Llegué a casa y le pedí a mi amiga que me inyectara por primera vez además, ella revisaría todos mis análisis y mi estado de salud.

Y así fue… mi primer dosis de “T”, fue así cómo formalmente inicié mi terapia de reemplazo hormonal.

Quería cambios inmediatos, pero creo que las cosas no funcionaban así… al menos deseaba que para mi cumpleaños 23, tuviera ya una voluminosa barba (faltaban pocos meses)

Regresé a mi trabajo después de las vacaciones que pedí, creo que me veía medio decaído…

– Buenos días- escuché esa mañana y lo recordé… Marisol venía a trabajar conmigo, mi sonrisa apareció y la saludé cordialmente.

Sé que a Carmen le hubiera gustado, quizá era una señal de ella… de vivir la vida cómo ella me enseñó y no, no le fallaría.

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Cap. 32
Por: -Sonia-

Mis primeros tres meses de tratamiento, sin duda el cambio más interesante que noté, eran mis arranques de ira, luego una euforia excesiva, después pasaba a estar triste, era todo un ramillete de sensaciones y emociones, procuré decargar todo eso en el trabajo, trabajando arduamente y no prestándole muchas importancia, aunque a veces era innevitable, ni yo mismo me soportaba.

Otro cambio interesante fue mi repentino e incesante deseo sexual, era muy extraño, era algo que muchas veces no podía controlar, para mi buena suerte, aún seguía frecuentando a aquella mesera, quién se notaba muy complacida con el inicio de mi tratamiento.

No hubo ni barba ni bigote inmediato, apenas y se asomaba unos cuantos pelitos en mi labio, los rasuraba para que crecieran más gruesos.

Lo mejor fue que se me cortó la molesta regla ¡Adiós a todas esas molestas toallas sanitarias! ¡Adiós a esos cólicos que me hacían tomar miles de analgésicos! Sobre todo, ¡Adiós a esa vulnerabilidad que me hacía sentir el sangrado menstrual que jamás soné, que jamás me gustó! Creo que con eso había muerto mi viejo yo.

Lo que sí era muy incómodo, era el sudor que se multiplicaba, no podía dejar de sudar y luego el arduo trabajo dentro del establo me hacían un sudoroso hombre de establo, súmenle el binder, simplemente apestaba. PAra colmo, se generó acné en mi rostro y espalda, mi voz parecía cambiar pero… sin duda, me sentía cómo un adolescente. Creo que al fin entendí el mal genio que tenían mis hermanos hace unos años.

Pero todo eso que pudiera parecerles malo a algunas personas, para mi significaban aquel cambio deseado, era la nueva adolescencia de Darío, el surgimiento.

Eso no lo cambiaba por nada.

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Cap. 33
Por: -Sonia-

Bueno, también en esos tres meses, MArisol fue cada tercer día a trabajar con las vacas, cada día que pasaba más me encantaba, me gustaba de una manera extraña, pero… tenía miedo, ella me veía cómo un hombre y no sé si era una buena opción decirle que era un hombre trans.

La admiraba, amaba su profesión y miraba a las vacas con tanto amor, apenas iniciaba su proyecto, alimentaba sólo a unas cuantas con ese alimento especial, pero los resultados aparecerían hasta dentro de 6 u 8 meses, por eso se quedaría ahí.

A veces le contaba sobre mi pueblo natal, los trabajos que hice:

– Siempre me gustó la vida de campo, a veces envidiaba a los niños cómo tú… se la pasaban libres y corriendo, jugando entre los establos y llenándose de lodo.

Sonreí… – Yo también los envidaba- dije sin pensar

– Pero… ¿porqué? ¿acaso tu papá no trabajaba en el campo?- preguntó

– Es que… bueno, yo era un niño enfermizo y casi nunca salía, mi mamá me cuidaba demasiado- respondi nerviosamente, estuve a punto de ser descubierto.

Esa respuesta pareció satisfacerle, seguimos hablando… MArisol era una mujer muy bella:

– ¿Tienes novia Darío?- me preguntó

– No, falleció hace algunos meses… se llamaba Carmen- respondí algo conmovido, el recuerdo de Carmen me invadió.

– Lo lamento- respondió- ¿la amabas, cierto?-

– Es a la única mujer a la que he amado en mi vida- dije- Pero… ¿qué pasa contigo? ¿tienes novio?- pregunté

Hizo un pausa, un silencio muy incómodo – Él me dejó, me botó cómo basura… ¡Ay Darío! Creo que todos los hombres son iguales…- me miró y se sonrojó- perdona, no quise ofenderte.

– PAra nada me ofendí, yo sé que no todos los hombres somos iguales ¡Vaya que lo sé!- dije sonriendo, si tan sólo MArisol hubiese entendido a que me refería.

Noté un dejo des tristeza en Marisol, debió haber amado mucho a aquél hombre y le falló demasiado…eso me decía su mirada.

– Quisiera demostrarte que no todos somos así- pensaba mientras la veía…

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Cap. 34
Por: -Sonia-

Casi 6 meses de mi tratamiento, casi mi cumpleaños 23.

Acudía siempre puntual a mi cita, aunque a veces parecía ya no tener cambios, iba ganando grasa en otras partes de mi cuerpo como la espalda o las piernas, mi voz iba cambiando ligeramente, de ahí en fuera… todo iba de manera gradual. Y no, seguía sin tener mi barba soñada, el endocrinólogo me dijo que sería hasta dentro de unos 2 o 3 años.

Aquella tarde, Marisol me llevó de comer, nos sentamos en la paja del establo y comíamos, después nos recostamos, ella a ldo de mí, esos 6 meses nos había acercado, ella y yo teníamos muchas cosas en común, sentimientos, deseos… sueños.

No sé bien que pasó, no sé ni como fue… pero, un silencio nos embargó, una atmófera de calma, sentí a Marisol abrazarme, después… se acercó a mí…

– Darío- susurró

Giré la cabeza y ella me besó, sentí sus labios tiernos, humedos…esos labios que esperaba, se separó un poco y ahora yo volví a besarla, ahora con un poco más de intensidad, poco a poco nuestras lenguas se fueron haciendo partícipes. ME separé:

– Perdona Darío, no quería incomodarte… Tú.. tú, me gustas mucho… estos meses en los que te he conocido, me he dado cuenta que eres un hombre muy especial y muy guapo- dijo

Me quedé mudo, jamás pensé que ella tomara la iniciativa en decirme todo eso, ¿no se suponía que tenía que ser yo? No dije nada… un pensamiento llegó, tenía que decirle que era trans, era mi obligación. Mis labios se abieron:

– Y tú a mi también me gustas mucho, Sol- sólo dije eso, ella se acercó y volvió a besarme… así lo hicimos por mucho tiempo sobre esa paja.

¿En que lío me acababa de meter?

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Cap. 35
Por: -Sonia-

León me organizó una fiesta en el bar de siempre, también organizó un show Drag King sólo para mí.

Debo de confesar que la onda Drag me fascinó desde que la conocí, dentro de mi había una constante pugna por tratar de parecer y ser el hombre que esperaba, el hombre que “debía” ser según la sociedad, pero el drag me mostraba que esos “parámetros” estaban demasiado gastados, lo drag me dejaba ser yo mismo, aunque fuera por un momento.

León me exigió que invitara a MArisol, obviamente le había comentado que ella no sabía:

– Pues es el momento, cuando vea el show y dependiendo de su comentario…podrás decírselo, pero debo advertirte que sí ella no te acepta, no es para tí… no quiero que entres en depresión o algo así ¡Eh!- dijo

Fuí por Sol a su casa (sí, la llamaba de cariño Sol), fuimos al bar, estaba muy nervioso. Ahí estaban todos de nuevo saludándome, estaban mi amiga y su novia:

– Es tremendamente guapa, si tan sólo yo no estuviera de novia- me dijo mi amiga y sólo sonreí.

Inició el show, había algunas chicas haciendo drag y otros eran amigos de León que se divertían haciendo ese show, a veces yo lo hacía y me encantaba. Miraba de reojo a MArisol, quién miraba atenta, a veces sonreía y a veces no expresaba nada.

Me pidieron subir al escenario, trajeron el pastel y todos cantaban. De nuevo sólo escuchaba “DArío”, esos cumpleaños eran los mejores de mi vida.

Salí a fumar y Sol salió conmigo:

– Son muy raros esos chicos, fue muy divertido el espectáculo- dijo sonriendo

– Algunas eran chicas vestidas como hombre… y otros eran hombres- dije

– ¿Hombres? – preguntó algo sorprendida ella.

– Sí… ellos son, bueno… hombres trans- dije titubeando

Me miró ella por un momento y dijo: -¿ O sea que no son ni hombres ni mujeres?

– Son hombres… se construyen como tales, los chicos trans no somos más ni menos hombres que cualquier otro… – la miré- así es, soy trans también.

Ella no dijo nada, de hecho la expresión de su rostro no me dijo nada… dió la media vuelta y se fue, así, sin despedirse. León salió del bar:

– Te lo dije, es muy dificil que una chica lo acepte… es más, es muy dificil que la jodida sociedad entera abra su mente cuadrada para descubrir la variedad de seres humanos- me dijo

– Creo que a este paso me iré con los hombres- le respondí a León.

– Sabes que tienes un chance conmigo- dijo sonriendo

– Pero yo quiero a tu novio, no a tí…- dije riendo y León me golpeó el hombro, luego me tomo de la cintura y me llevó a seguir la fiesta.

Traté que MArisol no me afectará, traté que en verdad no me pusiera triste, eran situaciones a las que estaba atenido, por la desinformación, por la ignorancia y los prejuicios.

Todo por negarse a creer, que los hombres no nacen… se hacen.

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Cap. 36
Por: -Sonia-

Llegó el Lunes y Marisol no fue al establo… supuse que algo sucedería entre ella y yo, me esperaba lo peor.

PAsaron 3 días y apareció, se porto fría y sólo se limitaba a saludarme o hablarme si era necesario, no quería intervenir, ella había tomado su decisión y no podia hacer algo por cambiarla, no dije nada… sólo callaba y seguía su trato.

Así pasaron cerca de 2 meses, llevaba 8 meses de mi tratamiento y los cambios ya ni los percibía yo, el día que tuviera una barba y un bigote sería el momento de saber que había funcionado. Mentira, cada día me sentía más Darío, ese era mi motivo de levantarme a diario, vivir cómo Darío y ser él.

Una noche, salí del trabajo y caminé rumbo a la salida:

– Darío- dijeron, reconocí esa voz…era

– MArisol, ¿olvidaste algo en el establo?- pregunté seco

– No, yo quiero hablar contigo ¿podemos caminar juntos hacía mi departamento?- respondí con la cabeza y seguí caminando.- quiero pedirte una disculpa, por no haberte hablado, por no haber dicho nada esa noche que la pasé tan bien.

No dije nada, dejé que ella siguiera hablando

– ¿Sabes? Antes de conocerte creía que todos los hombres eran iguales, porque no tenían otra opción, porque así los habían educado… y a veces es dificil de comprender. Pero, de repente te conozco y sé que eres diferente, ahora lo entiendo, eres diferente porque tú a diaro te construyes cómo el hombre que quieres ser y eso, aparte de ser admirable, es algo muy valiente. Te admiro Darío, te admiro en verdad… Y… te quiero, no puedo evitarlo, me enamoré de tí y ahora no hay nada que pueda hacer.

Me detuvé y la miré, ella tenía lágrimas en los ojos, me abrazó:

-Estoy enamorada de tí Darío, de tu esencia, de todo lo que tú eres… del hermoso ser humano que me has enseñado- tomó mi rostro y me besó, acaricié su cabello…

Seguimos caminando y llegamos a la entrada de su departamento:

– Ese día no te dí tu regalo- abrió su bolsa y me dió una caja… La abrí, era un peluche de vaca que tenía bordado su nombre.

– Gracias- dije

– ¿Quieres… bueno, no sé… quieres… intentar algo conmigo? Así cómo… ser mi novio y esas cosas- dijo sonriendo

Tomé su rostro y la besé, la besé dulcemente

-CReí que eso le tocaba a los hombres- dije riendo

– Supongo que los tiempos cambian- me tomó de la mano y volvió a besarme.

A partir de ahí… inició nuestra relación.

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Cap. 37
Por: -Sonia-

Inició mi relación con Marisol, me sentía extraño… Marisol sólo conoció a Darío y se enamoró de él, me daba miedo que en cualquier momento cambiara de opinión.

Acudimos varias veces a los grupos de chicos trans donde iba con León, me acompañaba a mis consultas médicas y me aplicaba mi dosis mensual de testosterona. Así era todo, un vínculo bastante peculiar pero que se afianzaba más y más.

Pasaron 3 meses de relación y no había intimidad alguna, agradezco que ambos estuvieramos muy ocupados, pero era evidente que ella lo deseaba y yo, también.

– Comprate la prótesis… orinas de pie y puedes cojer sin problema, ya te lo he dicho pero te haces bien menso- me decía León

– No tengo dinero y es muy cara, en verdad que si quisiera… pero a la vez me da miedo y si no sé usarla ¿qué va a pasar?- me limitaba a contestar.

Tenía miedo de no satisfacer a Marisol, que no cumpliera sus expectativas… yo deseaba ala prótesis, orinar de pie cómo todos los hombres y pues, que mi pantalón no luciera tan vacio.

Seguro que la vida siempre te da lo que mereces, por cada gente ignorante que me había hecho daño en la vida, tenía amigos y amigas entrañables, sin su ayuda, simplemente Darío hubiera muerto asfixiado en la represión.

Esa tarde llegué al departamento y estaban mi amiga y su novia, LEón y su guapo novio… había una caja en la mesa, todos me miraron y sonrieron:

– ábrela- dijo la novia de mi amiga- es para tí de parte de nosotros.

Abrí la caja y en un pequeño costalito, estaba la prótesis que tanto había esperado… lloré un poco, jamás imaginé que me hicieran un regalo así. León se levantó y me dijo que me la pusiera, lo miré sonrojado.

– No tengo ni idea de cómo ponerla- contesté apenado

– Yo te ayudo, vamos a tu habitación- dijo el novio de León, se levantó y fuimos a mi cuarto.

– ahí te encargo Darío, no le enseñes de más a mi hombre- gritaba León desde la sala y se escucharon risas.

Cerré la puerta del cuarto, me puse frente al espejo, el novio de León se puso detrás mío… tomó la prótesis y me dijo que me la sujetara de la ropa interior.

Estaba demasiado rojo para recordar lo que me dijo, sólo veía en el espejo cómo la colaba y me explicaba cual era el pequeño canal para orinar:

– ¿Quieres intentarlo?- preguntó

– Ahora no tengo ganas- dije nervioso

Siguió explicándome, sobre cómo acomodarla para diversas situaciones, orinar, llevarla dentro del pantalón y … para el sexo.

– Lo importante es que te sientas cómodo, que tengas la confianza suficiente para saber que no es sólo una prótesis, a veces yo la veo cómo una extensión de mí- dijo sonriendo, no sabía que usara una prótesis.

– Pensé que tú tampoco usabas…- dije, León nunca usaba una.

– Cada uno tenemos necesidades distintas, algunos chicos no se hormonan… aquí se trata de la confianza, de saber lo que quieres y de conocer que hay muchos medios para un sólo fin- sonrió – Súbete el pantalón- dijo

Así lo hice y me miré al espejo, entre mis piernas se sentía algo y se veía… ¡Vaya que sí!

– Ay Darío, te ves tan bien- dijo el novio de León

Salí a mostrarles, todxs se quedaron con algo de sorpresa.

– Ahora sí querido, con eso serás imparable- dijo LEón…

Me sentí… no tenía palabras para decirlo, me sentía cómo un rompecabezas, la mayoría de piezas ya estaban colocadas en su lugar… faltaban algunas que complementarían a mi nuevo yo, a Darío.

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Cap. 38
Por: -Sonia-

Y llega ese momento mágico, ese momento tan único que ni lo esperabas… simplemente llegó.

Creo que una parte de mi, que aún no conocía del todo, se concretó. El día en que Marisol y yo nos entregamos a la pasión de nuestro amor.

La invité a cenar, todo pasaba muy normal… besos discretos que subieron de tono…caricias por debajo de la mesa y una propuesta:

– Vamos a un lugar más cómodo- dijo, la llevé a mi departamento, mis amigas no estaban esa noche y.. supe que era el momento.

Entramos a mi habitación directamente, seguimos besándonos sin control:

– espera- le dije mientras la detenía de desnudarme – No sé si pueda, no se si te guste… no sé – me besó para que no siguiera hablando.

– ¿No lo entiendes? Te amo y quiero sentir tu amor en mi, hagamos el amor a nuestra manera… te amo Darío- me susurró mientras desabotonaba su blusa, seguí besándola y … la demás ropa se la quité yo.

Ese León tenía razón con lo de la prótesis, fue muy satisfactorio todo, pero… más allá de eso, sentí que el cuerpo de Darío estaba completo.

Tenía miedo, de que no pudiera darle placer a Marisol, que todo resultara un fiasco, pero… no fue así.

Después de quitarnos la ropa, desnudamos nuestra alma y el amor fluyó por si solo:

– nunca me había sentido así Dario, es algo tan mágico… siento como si algo me complementara, de verdad que estar contigo es … maravilloso- me dijo al abrazarnos y antes de quedarnos dormidos.

Ahí la tenía entre mis brazos, mi vida había cambiado por completo… de Darío era enteramente… aunque, aún faltaban algunos detalles.

Apliqué de nuevo para pedir la beca, resolverían eso en unos meses… tenían que darme una entrevista primero.

Pero ahora, me sentía invencible.

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Cap. 39
Por: -Sonia-

REcuentos de los años… casi 24.

Estaba a nada de cumplir 24 años, casi un año con Marisol, ella era ese Sol que me alimentaba a diario.

Ella siempre se mostró accesible a todo, entre los dos nos informamos de varias cosas y siempre estuvo para ayudarme, concluyó su trabajo en el establo y ahora sólo restaba terminar el proyecto y presentar su examen profesional.

Metí los papeles de la beca, fue pre-seleccionado para la entrevista, sería un mes antes de mi cumpleaños.

Todo en mi vida marchaba bien, mi cuerpo, mi mente, mis amigos y amigas entrañables… aunque, a veces extrañaba mi familia, mi pueblo natal.

Quería regresar algún día, pero cómo Darío y con Sol cómo mi esposa, lo lograría.

Entonces, la cronología quedaba así… el examen profesional de Sol sería en 3 meses, mi cumpleaños en dos y la entrevista en un mes.

Mi mundo pendía de un hilo… Era el momento decisivo, la coyuntura de Darío.

Primero, fue la entrevista, fui a la oficina donde hace unos años había conocido a Marisol, entré… ahora era una entrevistadora.

– Buenos días – dijo amablemente, miró mis documentos y me sonrió -¿ cómo prefiere que le llame?- preguntó aún más amable.

– Darío, mucho gusto- me senté

De nuevo conté un poco de mi historia de vida, hablé de mi trabajo en el establo y de un poco lo que había aprendido con Sol.

– Sin duda, un éxito a nivel profesional complementaría esta vida que estoy creando- dije contento

– Permítame decirle Darío, su historia ha sido conmovedora y ya quisiera yo que una mitad del alumnado fuera tan perseverante y responsable cómo lo es usted, llenos de coraje y valentía por ser lo que realmente quieren ser… luchas por ellos desde el inicio. Es por eso que me complace anunciarle que la beca es suya, pero… tengo una condición para usted…-

¿Acababa de decir que la beca era mía? Esperen… ¿dijo condición? ¿qué es lo que me pediría? Creo que puse una cara de sorprendido que hasta a ella le generó un poco de simpatía.

– No es nada del otro mundo, es sólo que a quién le doy la beca es a Darío… no a la persona que está en estos documentos, así que lo conmino a que realice su cambio de papeleo lo más pronto posible- sacó una tarjeta de uno de los cajones de su escritorio – Las ventajas de tener un puesto en esta Universidad, es que conoces a mucha gente… el es un viejo amigo mío; mi ex marido para serle sincera, es un excelente abogado y sé que logrará tenerle toda su documentación para antes de la inscripción.

Tomé la tarjeta y sonreí, quería abrazar a esa mujer… le agradecí por todo:

– Sé que lo aprovechará- dijo y salí de la oficina.

En los establos me esperaba Sol…

– ¡Me la dieron!- gritaba… me abrazó muy fuerte y me besó.

– Darío, mi Darío… estoy tan orgullosa de tí amor- volví a besarla.

Vientos del inicio de una nueva vida soplaban… vientos a favor de Darío.

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Cap. 40
Por: -Sonia-

Cumpleaños 24.

El mismo bar, pero ahora el ambiente se sentía distinto.

Después del show Drag, hice un par de anuncios:

– Fui aceptado para la beca en la Facultad de Veterinaria, sí todo marcha bien, en un año comenzaré en formar a estudiar cómo Dario. Ese es el otro anuncio, comenzaré el cambio de mis documento para tener una identidad legal y así el proceso completo de transición.

Escuché aplausos, miraba a León con algunas lágrimas, me acerqué a él.

– ¿Qué pasa?- pregunté

– Se siente muy lindo que llegues a esto, hace unos años… no sabías ni ponerte un calcetín cómo bulto… ahora, podrás demostrarle a todo mundo que eres Darío, serás la persona que quieres ser y tendrás un reconocimiento social… Estoy muy orgulloso de tí, eres más que un amigo para mí.

Hasta yo me puse sentimental y lo abracé, le agradecí por todo.

MArisol subió ahora, llevaba dos copas y proponía un brindis por las buenas noticias. Me acerqué a ella y me ofreció una de las copas.

– Bebe con cuidado- dijo, tomé un trago y sentí algo en mi boca… lo miré, era… un anillo.

– ¿Te casas conmigo?- preguntó sonriendo

– De nuevo eres tú la que cambia los papeles- dije riendo- PEro… ¿cómo podría negarme? te amo- dije

Nos abrazamos, esa noche fue memorable, mi cumpleaños 24… el inicio de mi compromiso.

Esa noche puse a recapitular mi vida, los momentos buenos y malos…pero sabía que la batalla aún no terminaba.

El proceso de cambio de nombre era costoso y laborioso, fue examinado por psicólogos, abogados… y la prueba final era un juicio donde tenían que estar al menos 5 testigos, de los cuales me exigían 3 familiares.

Contacté a mis hermanos, mi hermano mayor aceptó gustoso, pero de los otros no obtuve respuesta.

Apenas comenzaba la travesía, hacer las pruebas para delimitar que estaba seguro de lo que quería ser.

¡Por favor! ¿ Estar seguro? Si de algo estaba seguro en mi vida… era de que Darío era yo, yo era Darío… no había más para mí. Darío es lo que realmente quería ser.

25
Cap. 41
Por: -Sonia-

El examen profesional de MArisol… unos días antes nos dimos un desestrese… pero, ella aún tenía miedo.

– Pero si manejas el tema a la perfección.

– No tengo miedo por eso, tonto. Voy a presentarte a mis padres y… anunciarles nuestro compromiso.

¡Pero que…..! En ese momento hasta yo temblé… ¿conocer a sus padres? ¿tenía que decirles que era un chic trans? ¿cómo se supone que debía actuar?

Llegó el día, llegué al salón donde se presentaría Marisol y esperaba fumando, llegaron León y su novio, mi amiga y su novia…

– Tranquilo, eres tan adorable que seguro te adoptarán cómo mascota- me dijo León para tranqulizarme. Estaba tan nervioso que ni entendí su broma hasta mucho después.

Entré al salón para sentarme hasta enfrente, no miré para atrás.

EL examen comenzó, MArisol expuso todo el trabajo que había realizado, los resultados y hasta desgustación de leche orgánica hubo:

– Es un placer anunciarle que usted aprobó el examen para licenciada en Veterinaria y nos complace decirle que obutvo mención honorífica por el destacado trabajo que representa este proyecto, además de que es algo que beneficia a la comunidad entera. Será una gran profesionista- dijo el director de la Facultad y le entregó la carta de aceptación a MArisol.

Casi me desmayo, corrió a abrazarme y besarme… salimos tomados de la mano y… ahí estaban su mamá y papá.

La abrazaron, felicitaron, tomaron fotos y hablaban de lo orgullosos que estaban.

– Quiero presentarles a alguien- dijo MArisol – El es Darío… mi, prometido.

– Mucho gusto- dije muy temeroso – soy Darío.

Pasamos a una pequeña recepción que hubo en el viejo bar de siempre, MArisol me sentó junto a sus padres quienes me interrogaron.

– ¿Y tu madre, Darío?

– Vive en mi pueblo natal, con mis hermanos… yo vine por, una mejor vida.

– ¿Y qué dice tu mamá del matrimonio? ¿No cree que es apresurado?

– En realidad no he hablado con ella por años… no nos hablamos.

– ¿Reniegas de tus raíces? ¿Te averguenzas de algo? ¿O acaso hiciste algo muy malo?

Inhalé… era momento de decir la verdad.

– Verán, yo no soy igual que mis otros hermano, yo desde siempre me sentí diferente y vine a la Ciudad para hacerlo, para convertirme en el hombre que siempre quise ser… pues yo…

– Siempre quiso estudiar la Universidad y pues su mamá se opuso, ya sabes… esa idea de que el menor debe cuidar a la madre, Darío no quería eso y su mamá se enojó. – MArisol me interrumpió, no supe que hacer, más que seguirle la corriente.

– Que pena Darío- dijo la mamá de Sol- pero eres un muchacho tan trabajador y perseverante que será muy grato tenerte en la familia.

Sonreí, pasó la noche y por fin tuve la oportunidad de preguntarle a MArisol lo que había hecho.

– ¿Porqué me interrumpiste? Ese era el momento de decirles la verdad…

– No Darío, ellos no tienen porque enterarse de algo que no es relevante, tú eres Darío, el chico al cual amo, con él que me casaré. ERes Darío, siempre lo has sido, no hay más ni menos… ¿ok?

– Gracias Marisol- la abracé y besé… – Ahora vamos, te daré tu regalo por haber pasado el examen- dije pícaremente, la tomé de la mano y caminamos rumbo al departamento.

Y Darío salvó el día de nuevo… bueno, en realidad fue Sol.

25
Cap. 42
Por: -Sonia-

Me dieron la fecha para el juicio, en realidad sólo se iba a dar el veredicto, si era o no un hecho el cambio legal de mi nombre.

Le pedí ayuda a mi hermano mayor y a mis demás hermanos, pero creo que con ellos habría un problema, pues mi madre no tenía que enterarse de nada. Eso me entristecía.

El juicio era por la tarde, así que llegarían directo de la Central al juzgado.

– ¿Y si no me dan el cambio?- le dije a MArisol una noche antes del día marcado.

– No seas tonto, tienes todo y hasta tus hermanos vendrán a ayudarte, recuerda que tus amigos y yo estaremos ahí también. Además, más vale que te den el nombre, ya organizamos la fiesta en el bar.- y rió

– Gracias por todo MArisol, en verdad, hace unos años ni me imaginaba que llegaría a esto.

Cerré por un momento los ojos y pensé en Carmen, en la fortaleza que me había impulsado a todo lo que era en ese momento, corrió una lágrima por mi mejilla.

Pasé a recoger a mis hermanos a la Central, faltaba mi hermano mayor:

– Se retrasó un poco, pero llegará al juzgado- me dijeron mis demás hermanos (vinieron todos)

Así pues, fuimos a desayunar y les presenté a Marisol, fuimos a los juzgados y mi abogado les dijo un poco de las preguntas que harían.

– Siempre has sido nuestro hermano, en verdad que no sé porque para tanta prueba… desde que eras chamaco- me dijo uno de ellos.

Estaba nervioso, no llegaba mi hermano mayor, entramos y me senté en la parte de adelante, los psicólogos y mi abogado expuso la situación, después les hicieron unas preguntas a León y a mi amiga. Era el momento de los familiares.

Uno por uno hablaron de las experiencias de mi niñez, de que para ellos siempre fuí un hermano, el menor de todos. Reía, había anécdotas que había olvidado.

– Quisiera agregar algo- escuché un voz al fondo… reconocí esa voz, era… mi madre.-
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Cap. FINAL

Por: -Sonia-

– Mamá- susurré, cerré los ojos… esperaba lo peor.

– ¿Puedo dar mi testimonio? Soy su madre, supongo que tendrá algún valor ¿no? Quiero que lo que les voy a decir sea decisivo.

El juex le indicó que se sentará en la silla que estaba junto de mí. Así lo hizo ella, yo estaba muy nervioso, recordaba lo que me había dicho la última vez.

– Yo parí una hija, después de tantos hombres fue una bendición para mí… pero siempre supe que algo había en ella que no encajaba, cuando aún vivía mi esposo, él se encargaba de consentirla y muchas veces me dijo que dejara ser como ella quisiera. Creo que eso no lo entendí hasta ahora.

Dije cosas horribles la última vez, cosas que no había reflexionado ¿cómo iba a maldecir a uno de mis hijos? Al más preciado, al que más me recuerda a mi esposo. Creo que él sabe mejor que nadie lo que es ser un hombre y ha luchado por alcanzarlo, dejó su pueblo, su familia, vió morir a un gran amor. Pero aquí sigue y ahora quiere terminar todo.

¿Quién duda de que sea un hombre? Soy su madre y no pierdo una hija, para nada… ahora reconozco al hijo que siempre tuve, el hijo a quien amo… Mi Darío.

Escuché sollozos en todo el juzgado y mi mamá me tomó de la mano, también lloraba, mi corazón se detuvo de felicidad… creo que toda mi vida se estaba mejorando, todo el sufrimiento estaba quedando atrás.

El juez dió un fallo a favor de nosotros, ahora legalmente me había convertido en Darío.

REgresó al inicio de esta historia, estoy en mi nueva habitación esperando a mi compañero de cuarto. ME miro en el espejo, ¡la barba al fin salió!

Después de cambiar mi nombre en todos mis documentos, me inscribí en la Facultad, no hubo problemas.

Decidí mudarme al edificio de estudiantes, quería un poco de independencia, mi amiga y su novia se fueron de ese departamento, buscarían algo mejor.

Mi compromiso con Sol sigue, decidí que nos casaríamos en cuanto terminara la Licenciatura, teníamos grandes planes juntos.

León sigue siendo mi mejor amigo y sigue con su novio… ahora nos veremos menos, pero me alegra que haya decidido iniciar rehabilitación para mantenerse sobrio y limpio.

¿Mi madre? Bueno, conoció a MArisol, de hecho fuimos a pasar una temporada con ella y con mis hermanos, al fin me sentí feliz e íntegro en familia, al fin podría ser yo sin más.

Acomodé mis cosas en la habitación, en el buró junto a la cama puse una foto de MArisol.

– Hey, soy Manuel, tu compañero de cuarto- dijo un chico que recién entró a la habitación.

– Mucho gusto, soy Darío- respondí

– Linda barba-

Me miro al espejo de nuevo, soy yo… soy Darío.

25, 25 años… ¿curioso no? A los 25 años volví a nacer. No, más bien… a mis 25 años… terminé de nacer.

Autora; Sonia Hernandez.
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Una respuesta a “25; un nuevo inicio para Dario.

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